Hoy hace un año de los atentados terroristas en Cataluña que sesgaron tantas vidas y dejaron diezmadas tantas familias, y el dolor continúa.
Acabo de volver de las Ramblas de Barcelona y he encontrado muchas personas haciendo memoria de ese día fatídico. Unos llorando, otros en silencio, algunos estábamos orando..., y la gran mayoría con un gran respeto por el memorial de estos eventos.
Es incomprensible que seres humanos atenten contra la vida de otros seres humanos en: Barcelona, Madrid, París, Londres..., pero, también en Yemen, Siria, Arabia Saudí y, por desgracia, un largo etcétera.
Cuando aprenderemos a respetar a quien piensa o cree diferente; cuando nos daremos cuenta de que todo ser humano, por el hecho de serlo, es acreedor de una misma dignidad. Cuando seremos conscientes de que una persona es más importante que una idea religiosa, política o de cualquier tipo.
Al mediodía nos ha empapado una lluvia intensa, que nos ha hecho salir corriendo. Parecía que el cielo lloraba y se unía al dolor de un pueblo, al desconsuelo de la Humanidad...
Javier Velasco-Arias
viernes, 17 de agosto de 2018
Barcelona: hoy hace un año
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viernes, 27 de julio de 2018
Dos mujeres audaces y misericordiosas
El libro del
Éxodo, segunda obra de la Torá (más conocida en el mundo cristiano como
Pentateuco) y de toda la Biblia Hebrea, nos narra la salida liberadora, o éxodo,
del pueblo de Israel de Egipto. Pero todo comienza con la decisión valiente de
dos mujeres que deciden oponerse, aunque de manera astuta y eficaz, a los
planes del Faraón.
(Publicado en Lluvia de rosas 681 [2018] 9-11)
Contexto
histórico
La
situación con la que se inicia la narración es muy diferente a la de la
historia de «José y sus hermanos». Inmediatamente después de enumerar las
familias hebreas que entraron en Egipto, el narrador nos traslada a una época
difícil para los sucesores de los hijos de Jacob-Israel (Éxodo 1,1-14).
Un
período penoso, duro, en el que serán tratados como esclavos y sometidos a un
trato denigrante. El rey de Egipto opresor será plausiblemente Ramsés II (s.
XIII a.C.), aunque el autor sagrado no nos proporciona su nombre: por
desconocimiento o de forma consciente; no lo sabemos con certeza. El ser obligados
a trabajar en la construcción de la ciudad de Pi-Ramsés (Éxodo 1,11) avala la
hipótesis de quién es el Faraón de aquella época.
Esclavitud
del pueblo de Israel
La
vida del incipiente pueblo de Israel no es nada fácil. El relator nos la
describe someramente, pero con gran intensidad: «Los egipcios sometieron a los israelitas a cruel
servidumbre, y amargaron su vida con rudos trabajos en arcilla, en adobes, en
todas las faenas del campo y en toda suerte de labores, acompañadas de malos
tratos» (Éxodo 1,13-14). Los verbos y sustantivos que descubrimos en el texto
no dejan lugar a dudas: sometidos, cruel servidumbre, amargaron su vida, rudos
trabajos, malos tratos…
Si esto no fuera suficiente, el rey de
Egipto decide asesinar a todos los recién nacidos varones, con el fin de evitar
que con el tiempo se conviertan en posibles soldados contra él y contra Egipto
(Éxodo 1,15-16.22).
Dos mujeres: Sifrá y Púa
Pero entran en escena dos mujeres
egipcias, parteras de profesión. Ellas serán las encargadas de ejecutar las
órdenes del monarca y consumar el infanticidio de los niños hebreos. Son dos
mujeres con nombre: Sifrá y Púa. Es curioso que para el narrador bíblico estas
dos mujeres tengan nombre, el Faraón, no (Éxodo 1,15). El protagonismo de las
dos no puede pasar desapercibido para el lector-oyente del relato: serán ambas
instrumento de la misericordia del Dios de Israel.
Dos mujeres valientes, osadas, audaces.
Capaces de poner en peligro su propia integridad física por oponerse a unas
ordenes injustas, inicuas, inmorales, arbitrarias... Pero, inteligentes; justifican
su desobediencia en la imposibilidad de cumplirla: «Es que las hebreas no son
como las mujeres egipcias. Son más vigorosas y dan a luz antes que llegue la
partera» (Éxodo 1,19). Actúan de forma ilegal (desobedecen una ley), pero justa
y misericordiosa: no siempre se identifican legalidad y justicia. Su profesión
(parteras) implica dar la bienvenida a la vida, ayudar a que ésta se abra
camino; no sesgarla, destruirla. Ello significará la alabanza del narrador y el
favor del Dios todo misericordia: «Dios favoreció a las parteras. Y el pueblo
seguía creciendo y fortaleciéndose. Por haber temido a Dios las parteras, él
les concedió numerosa descendencia» (Éxodo 1,20-21).
Para la oración
- El texto narrativo
es de una gran belleza. Los protagonistas del relato no dejan a nadie
indiferente. Y la situación descrita nos proporciona abundantes pistas
para nuestra oración.
- Las situaciones de
injusticia son de entonces y siguen siendo, por desgracia, de actualidad.
¿Qué actitud adopto ante dichas injusticias? ¿Soy mero espectador o me
implico en la solución, según mis posibilidades?
- Los medios de
comunicación (prensa, revistas, TV, Internet, etc.), en muchas ocasiones,
nos vuelven inmunes, meros observadores distantes de atropellos de los
derechos humanos, de violencia gratuita, etc. Y dichas noticias se
convierten, con frecuencia, en informaciones en las que no nos sentimos
implicados. Con lo que, en cierta manera, nos convertimos en cómplices de
dichas situaciones. ¿Qué debo hacer, como cristiano, para salir de la
«rueda» de la indiferencia generalizada?
- Las dos parteras de
nuestra narración, Sifrá y Púa, se
implicaron activamente en evitar la injusticia, a sabiendas que dicha
actitud les podría complicar mucho la vida; podían ser represaliadas muy
duramente (cárcel, torturas o, incluso, ajusticiadas) por su desobediencia
manifiesta. ¿Hasta dónde estoy yo dispuesto/a a involucrarme por defender
los derechos de los otros?
- ¿Cómo defiendo la
vida? Frente al aborto, la eutanasia, pero también… la violencia contra
las personas, las situaciones de injusticia crónicas, los derechos de los
más vulnerables…
- El participar económicamente, de forma periódica, con alguna ONG de confianza es inexcusable. Pero, no puedo conformarme, o acallar mi conciencia, con dar algo de dinero (de lo que me sobra). Mi compromiso ha de ser más activo: participar en campañas, manifestaciones, recogida de firmas, ceder parte de mi tiempo o de mis vacaciones, etc. Cada uno debe valorar lo que puede y lo que debe hacer. Cada mujer y cada hombre es mi hermana, mi hermano (de cualquier raza, origen, religión…). Católico significa «universal»: ¿me lo creo o lo utilizo como una etiqueta excluyente?
(Publicado en Lluvia de rosas 681 [2018] 9-11)
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jueves, 26 de julio de 2018
Los abuelos de Jesús
Hoy, 26 de julio, es el santo de los abuelos de Jesús, Joaquín y Ana, patrones de todos los abuelos y abuelas.
«Y, al día siguiente (Joaquín) presentó sus ofrendas, diciendo entre sí de esta manera: Si el Señor Dios me es propicio, me concederá ver el disco de oro del Gran Sacerdote. Y, una vez hubo presentado sus ofrendas, fijó su mirada en el disco del Gran Sacerdote, cuando éste subía al altar, y no notó mancha alguna en sí mismo. Y Joaquín dijo: "Ahora sé que el Señor me es propicio, y que me ha perdonado todos mis pecados. Y salió justificado del templo del Señor, y volvió a su casa".
Y los meses de Ana se cumplieron, y, al noveno, dio a luz. Y preguntó a la partera: "¿Qué he parido?". La partera contestó: "Una niña". Y Ana repuso: "Mi alma se ha glorificado en este día". Y acostó a la niña en su cama. Y, transcurridos los días legales, Ana se lavó, dio el pecho a la niña, y la llamó María.»
(Protoevangelio de Santiago [apócrifo] V,1-2)
«Y, al día siguiente (Joaquín) presentó sus ofrendas, diciendo entre sí de esta manera: Si el Señor Dios me es propicio, me concederá ver el disco de oro del Gran Sacerdote. Y, una vez hubo presentado sus ofrendas, fijó su mirada en el disco del Gran Sacerdote, cuando éste subía al altar, y no notó mancha alguna en sí mismo. Y Joaquín dijo: "Ahora sé que el Señor me es propicio, y que me ha perdonado todos mis pecados. Y salió justificado del templo del Señor, y volvió a su casa".
Y los meses de Ana se cumplieron, y, al noveno, dio a luz. Y preguntó a la partera: "¿Qué he parido?". La partera contestó: "Una niña". Y Ana repuso: "Mi alma se ha glorificado en este día". Y acostó a la niña en su cama. Y, transcurridos los días legales, Ana se lavó, dio el pecho a la niña, y la llamó María.»
(Protoevangelio de Santiago [apócrifo] V,1-2)
lunes, 16 de julio de 2018
Lectura creyente de la Palabra de Dios
La diócesis
de Santander vive su vigésimo tercer año en lo que respecta a la animación
bíblica. Desde su inicio se ha hecho un largo y fructífero camino en torno a la
luz de la Palabra de Dios.
Todo comenzó
con la preparación al Año Jubilar 2000. Tres años antes, surgió la pregunta en
el seno del Consejo Presbiteral: ¿Qué ha de significar evangelizar en el 2000,
en esta Iglesia diocesana? La respuesta fue que había que acercar el evangelio
al pueblo de Dios. Y esto había que realizarlo de forma fácil y comprensible,
en tono existencial, hasta percibir su incidencia en la vida habitual de los
creyentes.
El entonces
obispo de Santander, D. José Vilaplana, encargó a la Casa de la Biblia, en la
persona de su director, D. Santiago Guijarro, la preparación de un material que
respondiera a esta inquietud. La idea era poder leer cada año un libro de la Biblia.
Se llevaron a cabo unas jornadas de preparación para designar los animadores de
grupos (a los que se les preparaba de forma sencilla) Y se hizo la convocatoria
general en las parroquias. La respuesta para la formación de grupos fue
numerosa, no menos de cuatro mil. Y se pusieron en funcionamiento los grupos en
reuniones semanales o quincenales. Desde entonces se ha hecho un largo
recorrido tanto por el Nuevo como por el Antiguo Testamento, así como también
se ha realizado los ciclos dominicales. En diversos años se han realizado
también las llamadas Semanas Bíblicas en las parroquias, así como alguna
peregrinación a Tierra Santa.
Su dinámica
está inspirada en el esquema de la Lectio Divina. Se parte de la vida,
lectura del texto con explicaciones, se interpreta desde la vida actual y se
termina orando lo acogido. En este sentido, la clave no está en aprender
grandes conocimientos bíblicos, sino en dejarse interpelar por la Palabra y desembocar
en la conversión.
¿Valoración?
Ha sido y es una de las experiencias pastorales más significativas de la vida
de nuestra iglesia. Por la generación de grupos parroquiales, por la
familiaridad con la Palabra de Dios, por su aportación al crecimiento de la fe,
hasta culturalmente por su aportación a la lectura de personas que no leían,
por el descubrimiento de lo que ahí había y se desconocía.
¿Claves
importantes en su desarrollo? El que se estableciera como objetivo central y
fundamental en el Plan Diocesano de Pastoral de aquellos años. Y también el que
se constituyera el Servicio Bíblico Diocesano, dependiente de la Delegación de
Catequesis, encargado de proponer, animar y ayudar en toda la dinámica del
proceso.
La realidad
actual es de alrededor de cien grupos diferentes de animación bíblica de la
pastoral, que se reúnen asiduamente para compartir la Palabra de Dios.
Juan J. Valero Álvarez
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viernes, 11 de mayo de 2018
Una historia ejemplar
A modo de novela
La «novela» ejemplar (si preferimos: novela histórica o historia
novelada) de José o de «José y sus hermanos», ocupará una gran parte del libro
del Génesis: del capítulo 37 al 50 (el final del libro), con dos paréntesis en
los capítulos 38 y 49, en las que el narrador introduce dos historias menores,
aunque sumamente curiosas (que no comentaremos en esta ocasión).
Un
hijo predilecto
José es
el hijo menor de Jacob (aún no ha nacido Benjamín) y el preferido de su padre,
en una familia de once hermanos, de cuatro madres diferentes. La predilección
paterna por José será motivo de envidias e intrigas entre los hermanos; además
de él tener muy asumido su situación privilegiada que no duda en ostentar ante
sus consanguíneos. Os invito a leer el texto íntegro, que nunca puede sustituir
ningún comentario.
Envidia de los hermanos
Los hermanos deciden vengarse de José y alguno incluso no le
importaría llegar hasta el asesinato fraticida. Al final, deciden vender a José
como esclavo a unos mercaderes madianitas que lo llevarán a Egipto, donde se
desarrollará la mayor parte de la historia que nos ocupa. Y los hermanos hacen
creer a su padre que ha fallecido, devorado por una fiera.
Nueva vida
Los madianitas lo venden como esclavo a Putifar, un
funcionario real egipcio (Génesis 37,36; 39,1). Las cosas le van bien, hasta
que es acusado falsamente por la esposa de Putifar de haberla acosado
sexualmente, cuando en realidad es en represalia por sentirse rechazada y despechada.
José acaba en la cárcel.
En prisión conocerá a otros dos funcionarios reales, a los
que José interpreta sus sueños, que, cómo él predice, significará el
ajusticiamiento de uno y la libertad del otro (40,1-23). El compañero de
prisión liberado, con el tiempo, sugerirá al monarca de Egipto, al Faraón, que
José es la persona que podrá liberarle de la angustia de unos extraños sueños
que nadie de su reino sabe interpretar.
Rectitud de José
José aparece en la narración cómo un hombre íntegro, sabio y
fiel a Dios. La auténtica sabiduría es un don de Dios y no responde a artes
mágicas o conocimientos ocultos: éste es el mensaje que se desprende del
relato. El protagonista de la historia se mantiene honesto, insobornable, fiel
a su fe, a pesar del exilio y de las circunstancias adversas.
El anuncio de José al Faraón de unos años de escasez, de
hambre, después de un período de abundancia, cambiará la suerte de nuestro
personaje. El monarca lo nombra visir y responsable de administrar las cosechas
de Egipto, para que cuando llegue la carestía no halle al país desprevenido,
sino que haya reservas más que suficientes (Génesis 41).
Reencuentro fraterno
La situación de carestía generalizada hará que los hermanos
de José viajen a Egipto, para abastecerse de alimentos que en su tierra no
encuentran. Los diferentes encuentros entre los hermanos, que no reconocen a
José, son de una gran belleza narrativa (Génesis 42-45). El perdón sin
resentimiento de José a sus hermanos, el amor fraternal, el reconocer la mano de
Dios en las situaciones límite… nos muestran a un hombre bueno, misericordioso,
sabio, fiel (45,4-15).
Jacob-Israel bajará a Egipto y se instalará en Gosén, junto
a toda su familia (46,26-34). La «historia» preparará la narración del segundo
libro de la Biblia Hebrea, del Éxodo, en la que los descendientes de Israel se
convertirán en el Pueblo de Dios, después de su liberación de la opresión
egipcia. Pero eso es otra historia, para una próxima ocasión. Nuestro relato
acabará con la muerte de José (Génesis 50), después de una estancia idílica de
él y toda su familia en el país de Egipto.
Para la oración
- Las cuestiones posibles para meditar, para llevar a la oración, personal o comunitaria, son muchas. La «historia» de José está repleta de enseñanzas éticas y de valores y actitudes a practicar, a vivir.
- La predilección de los padres por un hijo determinado es «caldo de cultivo» de envidias, rivalidades, incluso, odios entre hermanos. Los padres, madres, abuelos, educadores… hemos de revisar si caemos, o podemos caer, en favoritismos a la hora de relacionarnos con ellos. Los niños, los adolescentes, los jóvenes no son tontos: perciben estas situaciones como agravio, como desamor, como desprecio. Y las consecuencias pueden ser graves.
- José es un hombre íntegro. No accede a las insinuaciones sexuales de la mujer de Putifar y acabará, a causa de ello, en la cárcel. ¿Yo soy capaz de resistir los «cantos de sirena» a los que con frecuencia me somete una cultura altamente sexualizada, donde la pornografía explícita es el «pan de cada día», en la que la genitalidad sustituye con frecuencia a la auténtica sexualidad? Y no es cuestión de volver a tiempos, felizmente superados, en los que el sexto y el noveno mandamientos eran los únicos «mandamientos» contra los que se pecaba. Ni a ser mojigatos en los temas referentes a la sexualidad o al erotismo. Pero la auténtica sexualidad humana, el sano erotismo, o están integrados en el amor, en la entrega mutua o difícilmente les podemos poner el adjetivo de «humano».
- ¿El perdón, el amor fraternal… superan las barreras del odio, de la venganza, del «ojo por ojo y diente por diente»? A la pregunta que le hicieron a Jesús sobre el número de veces que he de estar dispuesto a perdonar, respondió: «No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete» (Mateo 18,22).
- La auténtica sabiduría es un don de Dios. ¿Soy consciente de ello? o ¿prefiero jactarme, delante de los demás, de mis valores y logros?
(Publicado en Lluvia de rosas 680 [2018] 9-11)
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