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lunes, 25 de abril de 2016

Seven & nine


Si hubiésemos optado por elegir como título del artículo solamente «Seven», seguro que a muchos les recordaría la película de suspense, estrenada en EEUU en 1995 y dirigida por David Fincher, más conocida comercialmente por «Se7en», y repuesta últimamente en alguna cadena de televisión: dos detectives, protagonizados por los actores Morgan Freeman y Brad Pitt,  investigan una serie de asesinatos relacionados con los siete pecados capitales.

El número siete es muy frecuente tanto en la Biblia como en la Teología: siete son los días de la Creación, siete los dones del Espíritu Santo, siete los sacramentos, siete los pecados capitales, siete las virtudes (3 teologales + 4 cardinales) y un largo etcétera. Y es que la cifra siete indica plenitud en la numerología bíblica.

Dentro de esta dinámica, trataremos los llamados siete dones del Espíritu Santo, pero, también, el fruto del Espíritu que toma forma eneágona: seven & nine. Partiremos de dos textos, uno del Antiguo y otro del Nuevo Testamento.


§ Los siete dones del Espíritu Santo

Si leemos el texto del libro de Isaías que encontramos en nuestras Biblias nos encontraremos que no nos salen las cuentas, que en el libro profético aparecen seis y no siete dones atribuidos al Espíritu del Señor.

Saldrá un renuevo del tronco de Jesé, un tallo brotará de sus raíces. Reposará sobre él el Espíritu del Señor, espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de ciencia y de temor del Señor (Is 11,1-2).

En cambio, el Catecismo de la Iglesia Católica menciona siete dones:

Los siete dones del Espíritu Santo son: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Pertenecen en plenitud a Cristo, Hijo de David (Cf. Is 11,1-2). Completan y llevan a su perfección las virtudes de quienes los reciben. Hacen a los fieles dóciles para obedecer con prontitud a las inspiraciones divinas. (CEC 1831).

La tradición de que los dones del Espíritu son siete nos viene de algunas versiones griegas y latinas antiguas que añadían el don de la piedad a los seis que encontramos en la Biblia hebrea. Y, además, curiosamente el «temor reverencial» del texto hebreo es traducido por «piedad» (εὐσεβείας) en la versión griega de los LXX.

El «renuevo del tronco de Jesé», del que habla el texto profético, es leído habitualmente desde una perspectiva mesiánica. En este personaje futuro convergerán los dones del Espíritu de Dios, dones concedidos parcialmente a algunos de los patriarcas, pero que en él confluirán: 

Gracias a la plenitud del Espíritu, el nuevo personaje condensará en sí mismo las cualidades de los personajes más importantes del Antiguo Testamento. Poseerá la sabiduría y la inteligencia de Salomón, la fortaleza y el consejo de David, el temor y el conocimiento de Dios que son propios de Moisés. Una intervención divina extraordinaria y una colaboración humana activa iniciarán una época de justicia y de paz. 
(Benito MARCONCINI, Guía espiritual del Antiguo Testamento. El libro de Isaías 1-39,  p. 31).

Esta lectura que es aplicada al Mesías, en el cristianismo a Jesús de Nazaret, es extensible a toda la comunidad creyente. Toda ella puede, unida a Jesús, por la fuerza del Espíritu Santo, participar de estos dones. Dones que ya estaban presentes en el Antiguo Testamento, pero que en el Nuevo aparecen con un dinamismo imparable.


§ El fruto del Espíritu

Si la cuestión del número de dones del Espíritu presentaba un cierto conflicto: pequeño, intrascendente; en el fruto del Espíritu la dificultad es algo mayor, aunque no insalvable. 

El texto bíblico en cuestión es de Pablo y contrapone el fruto del Espíritu a las obras de la carne, enumeradas anteriormente (cf. Gal 5,19-21).

El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, comprensión, paciencia, bondad, fidelidad, mansedumbre, autodominio. Contra tales cosas no hay ley. (Gal 5,22-23).

Por otro lado, leemos en el Catecismo de la Iglesia Católica una tradición de doce frutos diferentes.

Los frutos del Espíritu son perfecciones que forma en nosotros el Espíritu Santo como primicias de la gloria eterna. La tradición de la Iglesia enumera doce: «caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia, castidad (Gal 5,22-23, vg.) (CEC 1832).

Algunos testimonios textuales, sobre todo de varios Padres de la Iglesia, incluyen la lista amplia de doce frutos, de la que se hace eco el Catecismo; y que no son más que explanación de los nueve que encontramos en el texto bíblico citado. Algo similar pasa con el uso del plural (καρποὶ) y no el singular (καρπός), que es la opción más adecuada, desde la crítica textual.

El multiforme fruto del Espíritu supera con creces las obras de la carne, más aún, contra él no hay ley, no hay norma que valga. Abre una nueva perspectiva: la del Espíritu de Dios. Una Buena noticia, un mundo nuevo, una realidad renovada… Es posible que el ser humano viva amando, alegre, en paz, etc. El bien es la realidad de Dios, del Espíritu, y el mal no tiene fuerza suficiente contra él: ha sido derrotado.

Vivimos en el tiempo del Espíritu y eso es una Buena noticia: la mejor noticia posible.

Javier Velasco-Arias


miércoles, 27 de enero de 2016

Jornadas bíblicas en Madrid: «El Pueblo de Dios camina en la historia»


Jornadas Bíblicas en Madrid: 
«El Pueblo de Dios camina en la historia»
del 5 al 7 de febrero, 
en la Parroquia de San Antonio del Retiro. 

Con los siguientes ponentes: 

- Emeterio Chaparro, Lorenzo de Salas, Jesús Chavarria, Pedro Barrado y Maite López del mismo Madrid; 
- Pedro Fraile, Javier Velasco-Arias, Enrique Grau y Quique Fernández desde Barcelona; 
- Pepe Pedregosa desde Sevilla; 
- Juan Molina desde Valladolid y 
- Jan Stefanow desde... cualquier lugar del mundo.

viernes, 13 de septiembre de 2013

Amor de donación

Pablo en su primera carta a los Corintios nos habla de los diversos dones, de los que participa la comunidad de seguidores de Jesús: 1Cor 12,1-13,13 (leerlo en el link)
Dichos dones –si son tales– proceden del Espíritu Santo y, por tanto, su origen común significa también un fin común: el bien comunitario, la edificación eclesial.
Estos dones resaltan dos principios inseparables, la unidad y la pluralidad: la primera a la que debe tender toda la acción comunitaria, la segunda como correctivo para no confundir unidad con uniformidad. La diversidad se fundamenta en la unidad.
El símil del cuerpo, que utiliza el Apóstol, es clarificador: cada miembro es diferente de otro miembro, pero todos y cada uno son necesarios para que actúe el único cuerpo. Los miembros más débiles, o incluso los más viles, –también de la comunidad– son tratados con mayor esmero. El bien (o el mal) que se haga a cualquiera de los miembros repercute en el resto, en todo el cuerpo.
La comunidad se identifica con el cuerpo de Cristo, y en ella hay diversos carismas, desde los de gobierno de la comunidad, a los de sabiduría o profecía o, incluso, dones de curación o de milagros. Todos han de estar al servicio de la comunidad. Pero el don más excelente no es ninguno de los anteriores, sino el del amor de donación. A este carisma todos pueden acceder aunque, paradójicamente, es el más difícil de vivir. Pablo no define el amor, lo describe: se identifica con la forma de vivir y de morir de Jesús, y es una llamada a vivirlo todos sus seguidores. Es un don que no terminará nunca.
Javier Velasco-Arias

jueves, 5 de septiembre de 2013

Mujer y hombre, iguales

Leemos en 1Cor 7,3-4: El marido debe cumplir su obligación conyugal con la mujer, y lo mismo la mujer con el marido. Porque la mujer ya no es dueña de su propio cuerpo; lo es el marido. Como tampoco el marido es dueño de su cuerpo; lo es la mujer.
Pablo escribe una de las páginas más bellas de la Biblia sobre el matrimonio. Los vv. 3-4 son de una gran belleza: proclaman la relación de igualdad entre el hombre y la mujer en el matrimonio. En los dos versículos se utiliza el adverbio griego omoios (lo mismo, de igual manera, igualmente) para comentar cómo han de ser las relaciones entre los cónyuges, relaciones basadas en la igualdad. Cada cuerpo se hace don del otro y cada uno se convierte en posesión del otro a través de ese don, creando una «deuda» el uno para el otro.
Ni el hombre ni la mujer pueden considerar suyo su cuerpo, es del otro. Más aún, la expresión griega soma (cuerpo), siguiendo la tradición del Antiguo Testamento, indica la persona entera; es la persona entera la que está a la disposición del otro. Que lejos se encuentra esta declaración, sobre la mutua entrega en el matrimonio, de la mentalidad rabínica o esenia sobre la procreación como exclusiva razón para el matrimonio. Recuerda el texto yahvista del Génesis sobre el matrimonio; la exclamación de Adán al ver por primera vez a Eva: «Esta vez sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Esta será llamada mujer, porque del varón ha sido tomada. Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne» (Gn 2,23-24). En este texto hay una afirmación de igualdad entre el hombre y la mujer. Pero Pablo, en la misma línea, va más allá: subraya la igualdad radical del hombre y de la mujer ante el matrimonio, ante las relaciones sexuales, ante el derecho al cuerpo, a la persona íntegra, del otro. La sexualidad en el matrimonio es plena y recíproca disponibilidad de un cónyuge para el otro.
Javier Velasco-Arias

lunes, 1 de julio de 2013

Unidad y pluralidad

Acabamos de celebrar la festividad de San Pablo y muchos lo hemos festejado de diversas maneras: con un acto en la Librería Paulinas de Barcelona, participando de le Eucaristía del día, releyendo sus cartas...
Meditemos, aunque sea brevemente, algunos de sus pensamientos:
Pablo escribe a la comunidad de Corinto, por él evangelizada, hablándoles de diversos dones o carismas, recibidos para el bien comunitario.
El texto lo podemos leer en: 1Cor 12-13
Los diversos dones o carismas –si son tales– proceden del Espíritu Santo y, por tanto, su origen común significa también un fin común: el bien comunitario, la edificación eclesial.
Estos dones resaltan dos principios inseparables, la unidad y la pluralidad: la primera a la que debe tender toda la acción comunitaria, la segunda como correctivo para no confundir unidad con uniformidad. La diversidad se fundamenta en la unidad.
El símil del cuerpo, que utiliza el Apóstol, es clarificador: cada miembro es diferente de otro miembro, pero todos y cada uno son necesarios para que actúe el único cuerpo. Los miembros más débiles, o incluso los más viles –también de la comunidad– son tratados con mayor esmero. El bien (o el mal) que se haga a cualquiera de los miembros repercute en el resto, en todo el cuerpo.
La comunidad se identifica con el cuerpo de Cristo, y en ella hay diversos carismas, desde los de gobierno de la comunidad, a los de sabiduría o profecía o, incluso, dones de curación o de milagros. Todos han de estar al servicio de la comunidad. Pero el don más excelente no es ninguno de los anteriores, sino el del amor de donación. A este carisma todos pueden acceder aunque, paradójicamente, es el más difícil de vivir.
Pablo no define el amor, lo describe: se identifica con la forma de vivir y de morir de Jesús, y es una llamada a vivirlo todos sus seguidores. Es un don que no terminará nunca.
Javier Velasco-Arias

miércoles, 19 de junio de 2013

Celebración de la fiesta de san Pablo

Librería Paulinas, Escuela de Animación Bíblica de Barcelona y Grupo Bíblico y Misionero “Cinco panes y dos peces” os invitan a:
Celebración de San Pablo
Documental «Pablo, de Tarso al mundo»
presentado y comentado por Javier Velasco-Arias, biblista
y, después, Eucaristía de la Celebración de San Pablo
Día y Hora:
Sábado 29 de junio de 2013, a las 18h.
Lugar: Librería Paulinas.
Rda. Sant Pere 19. Barcelona
Tel.: 933 011 488

miércoles, 4 de julio de 2012

Celebrando a san Pablo

El pasado sábado, día 30 de junio de 2012, a las 18 horas, tuvo lugar en Librería Paulinas de Barcelona un acto compuesto de charla bíblica, Eucaristía y pica-pica, con motivo de la celebración de San Pablo (hay que decir que, aunque la fiesta de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo se celebra el día anterior, 29 de junio, la Familia Paulina tiene la prerrogativa de celebrar a su Santo Patrón en exclusiva al día siguiente).

Este acto de celebración de San Pablo estuvo organizado por la propia Familia Paulina en Barcelona conjuntamente con la «Escuela de Animación Bíblica de Barcelona» y el Grupo Bíblico y Misionero «Cinco panes y dos peces».

El éxito de asistencia de público participante fue muy elevado, así como el clima de familia y amistad que se vivió toda la tarde. Es de admirar y agradecer como las Hermanas Paulinas con ayuda de algún voluntario acondicionan y transforman su librería en sala de actos y posteriormente cuidan todos los detalles oportunos para una muy digna celebración de la Eucaristía. (Así como después abastecieron a todos los presentes con un abundante «pica-pica» y variedad de bebidas que tanto se agradecieron en un día de calor de principios de verano).

Hay que resaltar también que en el acto tuvieron participación destacada dos miembros de nuestra querida hermana «Escuela de Animación Bíblica y Comunicación San Pablo», de Madrid. En concreto, los hermanos Jesús (sacerdote que presidió la Eucaristía) y Rafa Chavarría. Aunque hubo que lamentar la imprevista ausencia del otro invitado, el querido Hermano Pepe Pedregosa, que no pudo acudir a la celebración por motivos familiares.

El acto fue presentado e introducido, como es habitual, por el coordinador de la Escuela de Animación Bíblica de Barcelona Quique Fernández. No pudimos contar en el acto de celebración, también por motivos familiares, con nuestro amigo y maestro Javier Velasco Arias.

A continuación tuvo lugar la charla-conferencia que nos ofreció el biblista Pedro Ignacio Fraile sobre la figura de San Pablo. Pedro Ignacio Fraile es autor de los libros Shema. Lee, escribe, ama, que es una selección de artículos aparecidos en la revista «Cooperador Paulino» y del libro sobre San Pablo Para mí, la vida es Cristo, que escribió con motivo del Año Paulino, como nos explicó el propio autor.

La charla llevó por título «San Pablo, animador de la Palabra», A continuación ofrecemos un resumen de la misma.

SAN PABLO, ANIMADOR DE LA PALABRA

La Palabra. El que habla es Dios mismo. Nosotros somos «oyentes» de la Palabra.

1º Dios habla.
2º Dios habla hoy.
3º Dios habla hoy para mí.
4º Dios tiene muchas cosas que decirme, que comprometen mi vida.

En Génesis, en el Prólogo de San Juan y en la carta a los Hebreos se afirma que Dios ES la Palabra. En Génesis aparece ya un Dios que habla, con su Palabra eficaz. Esta Palabra, nos dice el Prólogo de San Juan, Dios la dice en Jesucristo: «La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros»

Para San Pablo, toda su vida fue escuchar la Palabra para después anunciarla. LA PALABRA ES CRISTO.

Destacan cinco ideas cristológicas en sus Cartas:

1ª PARA SER LIBRES NOS HA LIBERADO CRISTO
Que hablemos de Dios desde el hondón de nuestras experiencias humanas. ¿Qué es lo que nos hace libres?
Dios liberó a los israelitas de la esclavitud de Egipto, los sacó de Babilonia…
Las religiones paganas justificaban la esclavitud (recordar los trabajos de Hércules, el mito de Sísifo…). En cambio, la religión bíblica es una religión de libertad.
Es cierto que el judaísmo, especialmente en su expresión máxima, el fariseísmo, cargó un yugo insoportable sobre las personas con su exaltación de la ley y de la norma. Pero Jesús habla de un yugo suave, de una carga ligera («Cargad con mi yugo…»).
San Pablo escribe: «Nos ha liberado Cristo, permaneced firmes en la fe».

2ª «ME AMÓ Y SE ENTREGÓ POR MÍ»
La Fe es una experiencia personal, si bien se vive en la comunidad, con la comunidad.
La Fe tiene que afectar a nuestra vida, responder a nuestras preocupaciones más profundas. La Fe cristiana va al fondo.
Respuesta de adhesión al que me ama y se entregó a la muerte por mí.
Cristo me AMÓ primero. El amor es el fundamento de la vida humana y cristiana. El amor es Dios mismo, no un valor noble solamente.
«Y se entregó»: AMOR ENTREGA (toda una vida hasta el final). «Se entregó a la muerte por mí».
Todos, absolutamente todos somos amados por Dios. (Amados y perdonados). Es un amor gratuito, inmerecido.
Cómo responder: anunciando el Evangelio.

3ª DIOS SALVA AL HOMBRE POR LA FE Y NO POR LAS OBRAS.
Pablo era un judío militante, cumplidor de la Ley, la Ley del judaísmo, la Ley de Moisés (tal como la entendía el judaísmo del siglo I).
«La Salvación»: de qué, por qué…El judaísmo responde: Dios salva por medio de la observancia estricta de la Ley (lo cual produce agobio).
San Pablo, a partir de su experiencia de Jesucristo, responde: ¡no!, no puede ser así, porque la Ley de Moisés en todo caso nos serviría como un pedagogo que nos llevaba de la mano hasta que ha llegado Cristo (San Pablo a la Ley la declara caduca).
San Pablo llega a afirmar que «la Ley es maldición» porque lo único que hace es acusarnos y ponernos el listón cada vez más alto pero no tiene la capacidad de perdonar.
De esta manera, San Pablo entiende que el hombre es incapaz de salvarse sólo cumpliendo las obras de la Ley. Sino que es Cristo quien me salva. (Abrazarnos a Cristo). Esto se podría matizar como hace el apóstol Santiago: Fe, sí, pero con obras.

4ª «HAY DE MÍ SI NO EVANGELIZARA»
San Pablo se convierte en ANIMADOR de la Palabra, en apóstol de los paganos.
En Filipenses afirma que antes de encontrarse con Cristo era un cumplidor, desde el encuentro con Cristo todo es basura, todo pasa a un segundo plano.
Saulo era fariseo, ardiente perseguidor de La Iglesia, irreprochable como fariseo, perfecto. San Pablo ha descubierto que nada vale la pena fuera de Cristo, fuera del amor de Cristo, fuera del amor a Cristo.
«¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!». Toda su vida solamente puede dedicarse a extender el Evangelio.
A San Pablo no lo aceptan los judíos, ni tampoco intentan convertirlo (el judaísmo no es proselitista). Simplemente lo echan de la sinagoga. Podemos leer estas palabras aproximadas: «yo quería, pero como me habéis echado, en adelante me dedicaré a los paganos (a los gentiles)». Es decir, a nosotros. El Evangelio es para todos, para todos los pueblos.

5ª EXPERIENCIA DE CRISTO COMO FUNDAMENTO DE SU VIDA
En su estancia en Corinto, ciudad donde circulan toda clase de ideas, afirma: «YO SÓLO SÉ A CRISTO Y ÉSTE CRUCIFICADO».
El centro teológico de Pablo es, sobre todo, cristológico (Cristo, y éste crucificado). (Aunque también es eclesiológico).
«YA NO VIVO YO, ES CRISTO QUIEN VIVE EN MÍ».
«Y la muerte sería una ganancia» (frase que nos hace pensar en el «muero porque no muero» de Santa Teresa).
Cuando languidecemos… Cristo es lo mejor, nos transmite San Pablo, el Apóstol de la gente.

Jaime Olondriz
Animador Bíblico

lunes, 25 de junio de 2012

San Pablo, animador de la Palabra

Librería Paulinas, Escuela de Animación Bíblica de Barcelona
y Grupo Bíblico y Misionero «Cinco panes y dos peces»
os invitan a:
Celebración de San Pablo
Conferencia Bíblica «San Pablo, animador de la Palabra»
por Pedro Ignacio Fraile Yécora, biblista
Eucaristía de la Celebración de San Pablo
Día y Hora:
Sábado 30 de junio de 2012 a las 18 h
Lugar:
Librería Paulinas. 
Rda. Sant Pere 19. Barcelona   
Tel.: 933 011 488