miércoles, 2 de agosto de 2017

¿Qué poner en la maleta?

Reconozco, ya de entrada, que me produce bastante pereza o desgana hacer la maleta. Tener que escoger lo que pondré en ella y, por tanto, descartar lo que no llevaré, tratando de acertar sobre variables tan escurridizas como qué tiempo va a hacer o cuánto tiempo podré dedicar a actividades complementarias, como por ejemplo leer. Tanto es así que la hago siempre en el último momento.

Aun así, me va a resultar difícil evitar los dilemas sobre qué cantidad de mangas cortas o de bermudas llevar, o cuántos libros. Porque lo que está en riesgo es llevar ropa que no nos pondremos o libros que no leeremos y, en cambio, dejarse lo que sí acabará resultando necesario. A fin de cuentas, hacer la maleta es una tarea que requiere de ciertos criterios de utilidad provechosa.

Jesús nos da una importante pista a la hora de viajar y decidir qué llevar en nuestra maleta: «No llevéis oro ni plata» (Mt 10,9). Mi maleta, pues, no debe ir demasiado cargada, y por extensión tampoco mi viaje debe, ser sobrecargado. Cuando Jesús habla de «oro y plata» se refiere, sin duda, al exceso de lujo. Ni mi viaje ni mi equipaje, si quiero que correspondan verdadera mente a un cristiano, deben ser lujosos. Y cuando se habla de lujo también cabe entender el excesivo confort. Es decir que el «oro y plata» también se pueden traducir por hoteles, restaurantes o cruceros de lujo.

Dicho de otro modo, mi equipaje no puede ser excluyente, a causa del lujo, de las necesidades de mis hermanos, especialmente los más débiles. En mi maleta ha de caber mi hermano. No se trata de meterlo literalmente a él. Pero, además, en mi maleta debe quedar espacio para todo lo que voy a vivir, experimentar y aprender de los demás. Una maleta sin espacio libre no admite nada de nadie. Es intolerante, fundamentalista. Ya lo tiene todo, ya lo sabe todo, no necesita nada porque es autosuficiente, se siente completa. Esa soberbia nunca será de Dios, Él siempre está en la sencillez.

Nos dice el libro de Proverbios: «La Sabiduría está con los humildes» (11,2). Así, además del espacio para el hermano y para lo que él me puede aportar, dejaré sitio en la maleta para Dios. Su Palabra, su Sabiduría, la Biblia, en formato libro, aunque solo sean los Evangelios, o en formato electrónico, en tablet o móvil, hará que el equipaje y el viaje sean más agradables a Dios.

Quique Fernández
(Publicado en: Catalunya Cristiana 1974 [2017])

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