domingo, 3 de julio de 2016

Raíces judías del cristianismo (breve aproximación)

Jesús y sus contemporáneos eran judíos

Esta afirmación que hoy nos parece una obviedad no siempre ha sido lugar común entre los cristianos; durante muchos siglos se ha separado la figura de Jesús y el Judaísmo.

Los estudios actuales, sobre todo desde la crítica histórica, nos muestran a un Jesús judío que no reniega ni de su religión ni de sus orígenes.

Os aseguro que mientras duren el cielo y la tierra, ni una letra, ni una coma de la Ley (la Torá) dejará de realizarse. (Mt 5,18).

Sus padres primero y él después cumplirán escrupulosamente las prescripciones de la Torá: circuncisión, presentación en el Templo de los primogénitos, guarda del sábado (shabat), peregrinaciones a Jerusalén, asistencia a la sinagoga, prescripciones alimenticias, etc.

Incluso las discusiones sobre el sábado, en realidad son disputas de cómo se debe interpretar el descanso sabático.

«Si a uno de vosotros se le cae en un hoyo, en día de sábado, la única oveja que tiene, ¿no le echa mano y la saca? Pues, ¡cuánto más vale un hombre que una oveja! Por lo tanto, es lícito hacer bien en día de sábado» (Mt 12,11-12).

Esta afirmación se puede hacer extensiva a la totalidad de seguidores de Jesús y prácticamente a la totalidad de escritores del Nuevo Testamento.


Judaísmo y Cristianismo primitivo

Durante mucho tiempo el Movimiento de Jesús, después conocido como Cristianismo, no es más que una variante, una secta judía.

Ninguno de los primeros seguidores de Jesús tiene conciencia, y menos intención, de cambiar de religión.
(Pablo): «Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero he sido educado en esta misma ciudad, a los pies de Gamaliel, he sido instruido en el exacto cumplimiento de la ley patria y he estado lleno de celo por la causa de Dios, como lo sois todos vosotros hoy.
Perseguí a muerte este Camino, apresé y encarcelé hombres y mujeres, como puede certificármelo el sumo sacerdote y todo el colegio de ancianos, con cuyas cartas para los hermanos fui a Damasco, con el propósito de conducir a los de allí presos a Jerusalén, para que fueran castigados.
Pero me sucedió que, mientras iba de camino y me acercaba a Damasco, a eso del mediodía, súbitamente me rodeó una gran luz del cielo.
Caí a tierra y oí una voz que me decía: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?»
 (Hch 22,3-7).

Circuncidado el octavo día, israelita de raza, de la tribu de Benjamín, hebreo hijo de hebreos; respecto a la ley fariseo (Flp 3,5).

Serán un cúmulo de circunstancias las que conducirán a la separación definitiva entre Cristianismo y Judaísmo:

a)      Por parte del Judaísmo fariseo o rabínico: el rechazo del Movimiento de Jesús como no-judío, sobre finales del s. I o inicios del II. El concilio de Yabne (o Yamnia) será la consumación de esta ruptura:
Se sabe que entre el 85-130 d.C. se introdujo en la duodécima súplica de la plegaria de la Sinagoga, llamada «Las Dieciocho Bendiciones», la fórmula de la maldición contra los herejes (actualmente eliminada):
Que no haya esperanza para los nazrim (nazarenos=cristianos)
que todos los minim (los herejes) caigan en un solo instante
y que sean borrados del libro de la vida
y que no sean inscritos con los justos.
¡Que puedas extirpar y destruir el poder de los soberbios!
¡Sea alabado, YHWH!
y el soberbio sea sometido y derrotado

b)      El Cristianismo, por su parte, cada vez se abrió más al mundo no-judío, de forma que en algunas comunidades, sobre todo paulinas, cada vez más el colectivo gentil es mayoritario. ¿Cómo mantener una identidad judía cuando las comunidades son mayoritariamente o exclusivamente no-judías?


No podemos renunciar a nuestras raíces judías

Las vicisitudes históricas, a las que no es ajena la acción del Espíritu Santo, marcaron la ruptura.

Pero, no podemos renunciar a nuestras raíces:

a)      El Antiguo Testamento lo tenemos en común con el pueblo judío.
Una manifestación siempre actual de aquel vínculo originario (con el pueblo judío) consiste en la aceptación por parte de los cristianos de las Sagradas Escrituras del pueblo judío como Palabra de Dios dirigida también a ellos. La Iglesia, en efecto, ha acogido como inspirados por Dios todos los escritos contenidos tanto en la Biblia hebrea como en la Biblia griega. (Pontificia Comisión Bíblica, El pueblo judío y sus Escrituras sagradas en la Biblia cristiana, n. 2).

b)      Jesús, su familia, los Doce, el grupo de los primeros discípulos y discípulas, el inicial Movimiento de Jesús son judíos.

c)      Los textos del Nuevo Testamento están escritos mayoritariamente por escritores judíos, están repletos de citas continuas de las Escrituras judías, nos hablan de la vida cotidiana en un contexto judío, etc.

d)     Se hace incomprensible el Nuevo Testamento y la Buena Noticia de Jesús sin su trasfondo judío, sin la complementariedad de la Biblia Hebrea, del Antiguo Testamento.

Javier Velasco-Arias

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