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viernes, 11 de mayo de 2018

Una historia ejemplar

A modo de novela
La «novela» ejemplar (si preferimos: novela histórica o historia novelada) de José o de «José y sus hermanos», ocupará una gran parte del libro del Génesis: del capítulo 37 al 50 (el final del libro), con dos paréntesis en los capítulos 38 y 49, en las que el narrador introduce dos historias menores, aunque sumamente curiosas (que no comentaremos en esta ocasión).

Un hijo predilecto
José es el hijo menor de Jacob (aún no ha nacido Benjamín) y el preferido de su padre, en una familia de once hermanos, de cuatro madres diferentes. La predilección paterna por José será motivo de envidias e intrigas entre los hermanos; además de él tener muy asumido su situación privilegiada que no duda en ostentar ante sus consanguíneos. Os invito a leer el texto íntegro, que nunca puede sustituir ningún comentario.

Envidia de los hermanos
Los hermanos deciden vengarse de José y alguno incluso no le importaría llegar hasta el asesinato fraticida. Al final, deciden vender a José como esclavo a unos mercaderes madianitas que lo llevarán a Egipto, donde se desarrollará la mayor parte de la historia que nos ocupa. Y los hermanos hacen creer a su padre que ha fallecido, devorado por una fiera.

Nueva vida
Los madianitas lo venden como esclavo a Putifar, un funcionario real egipcio (Génesis 37,36; 39,1). Las cosas le van bien, hasta que es acusado falsamente por la esposa de Putifar de haberla acosado sexualmente, cuando en realidad es en represalia por sentirse rechazada y despechada. José acaba en la cárcel.

En prisión conocerá a otros dos funcionarios reales, a los que José interpreta sus sueños, que, cómo él predice, significará el ajusticiamiento de uno y la libertad del otro (40,1-23). El compañero de prisión liberado, con el tiempo, sugerirá al monarca de Egipto, al Faraón, que José es la persona que podrá liberarle de la angustia de unos extraños sueños que nadie de su reino sabe interpretar.

Rectitud de José
José aparece en la narración cómo un hombre íntegro, sabio y fiel a Dios. La auténtica sabiduría es un don de Dios y no responde a artes mágicas o conocimientos ocultos: éste es el mensaje que se desprende del relato. El protagonista de la historia se mantiene honesto, insobornable, fiel a su fe, a pesar del exilio y de las circunstancias adversas.

El anuncio de José al Faraón de unos años de escasez, de hambre, después de un período de abundancia, cambiará la suerte de nuestro personaje. El monarca lo nombra visir y responsable de administrar las cosechas de Egipto, para que cuando llegue la carestía no halle al país desprevenido, sino que haya reservas más que suficientes (Génesis 41).

Reencuentro fraterno
La situación de carestía generalizada hará que los hermanos de José viajen a Egipto, para abastecerse de alimentos que en su tierra no encuentran. Los diferentes encuentros entre los hermanos, que no reconocen a José, son de una gran belleza narrativa (Génesis 42-45). El perdón sin resentimiento de José a sus hermanos, el amor fraternal, el reconocer la mano de Dios en las situaciones límite… nos muestran a un hombre bueno, misericordioso, sabio, fiel  (45,4-15).

Jacob-Israel bajará a Egipto y se instalará en Gosén, junto a toda su familia (46,26-34). La «historia» preparará la narración del segundo libro de la Biblia Hebrea, del Éxodo, en la que los descendientes de Israel se convertirán en el Pueblo de Dios, después de su liberación de la opresión egipcia. Pero eso es otra historia, para una próxima ocasión. Nuestro relato acabará con la muerte de José (Génesis 50), después de una estancia idílica de él y toda su familia en el país de Egipto.

Para la oración
  • Las cuestiones posibles para meditar, para llevar a la oración, personal o comunitaria, son muchas. La «historia» de José está repleta de enseñanzas éticas y de valores y actitudes a practicar, a vivir.
  • La predilección de los padres por un hijo determinado es «caldo de cultivo» de envidias, rivalidades, incluso, odios entre hermanos. Los padres, madres, abuelos, educadores… hemos de revisar si caemos, o podemos caer, en favoritismos a la hora de relacionarnos con ellos. Los niños, los adolescentes, los jóvenes no son tontos: perciben estas situaciones como agravio, como desamor, como desprecio. Y las consecuencias pueden ser graves.
  • José es un hombre íntegro. No accede a las insinuaciones sexuales de la mujer de Putifar y acabará, a causa de ello, en la cárcel. ¿Yo soy capaz de resistir los «cantos de sirena» a los que con frecuencia me somete una cultura altamente sexualizada, donde la pornografía explícita es el «pan de cada día», en la que la genitalidad sustituye con frecuencia a la auténtica sexualidad? Y no es cuestión de volver a tiempos, felizmente superados, en los que el sexto y el noveno mandamientos eran los únicos «mandamientos» contra los que se pecaba. Ni a ser mojigatos en los temas referentes a la sexualidad o al erotismo. Pero la auténtica sexualidad humana, el sano erotismo, o están integrados en el amor, en la entrega mutua o difícilmente les podemos poner el adjetivo de «humano».
  • ¿El perdón, el amor fraternal… superan las barreras del odio, de la venganza, del «ojo por ojo y diente por diente»? A la pregunta que le hicieron a Jesús sobre el número de veces que he de estar dispuesto a perdonar, respondió: «No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete» (Mateo 18,22).
  • La auténtica sabiduría es un don de Dios. ¿Soy consciente de ello? o ¿prefiero jactarme, delante de los demás, de mis valores y logros?
Javier Velasco-Arias
(Publicado en Lluvia de rosas 680 [2018] 9-11)

lunes, 8 de enero de 2018

La fuerza de la plegaria

La historia de Abrahán y Sara da para muchos comentarios e incluso libros. En esta ocasión os invito a leer y meditar, personal o comunitariamente, el texto de Génesis 18,16-33 y el contexto que lo acompaña. Es de una belleza narrativa inusitada. Nos habla de la fuerza de la plegaria, de la eficacia de la oración; realidad no siempre suficientemente presente en nuestras vidas, al menos con la convicción que debiera, con la certeza e, incluso, osadía del patriarca.

En torno al texto
El contexto próximo, de la narración que consideramos, es la visita de tres personajes a Abrahán y Sara. Protagonistas que son presentados como el Señor, como el Dios de Israel (Génesis 18,1-2). Más tarde el narrador aclarará que son el Señor y dos ángeles (19,1). Algunos Padres de la Iglesia, y posteriormente el arte, han visto en esta representación una insinuación de la Trinidad divina. Pero esta perspectiva teológica no es propia del Antiguo Testamento, aunque no es rechazable como lectura tipológica posterior. Es una «lectura» que ha plasmado en el arte, sobre todo, de las iglesias orientales cristianas, de forma magistral.

La hospitalidad
La escena del encuentro junto a la encina de Mambré es seductora, de una belleza plástica inmensa. Abrahán y Sara acogen a estos tres peregrinos en su casa. En un primer momento no son conscientes de que están hospedando en su hogar al Dios de la Biblia. La hospitalidad forma parte de la cultura del mundo de la Biblia. Y acoger al extraño se convierte, en muchas ocasiones, en acoger al Señor: «era forastero y me hospedasteis» (Mateo 25,35).

Inconscientemente, al menos a los que estamos mínimamente familiarizados con la Palabra de Dios, nos viene a la memoria la escena de la pareja de discípulos camino de Jerusalén a Emaús y el encuentro que tienen con Jesús resucitado (cf. Lucas 24,13-33). Ellos también, sin saberlo, acogen en su casa a Jesús, al Hijo de Dios: «Ellos insistieron con empeño, diciéndole (a Jesús): “quédate con nosotros, que es tarde y el día ya ha comenzado a declinar”. Y él entró para quedarse con ellos» (24,29). La acogida, la hospitalidad, la preocupación exquisita por el otro forma parte de la religiosidad bíblica.

Hospitalidad y oración
Solamente la persona que posee estas actitudes puede entrar en la forma de oración que hace nuestro padre Abrahán: el amor a Dios y al prójimo van siempre a la par. La plegaria auténtica forma parte de este equilibrio.

El castigo de Sodoma y Gomorra por su pecado grave de corrupción no tiene vuelta atrás, como se lo hace saber el Señor a Abrahán (Génesis 8,20). Es entonces cuando el patriarca, movido por un corazón misericordioso, intercede por estos dos pueblos. Y lo hace «regateando» con Dios, al mejor estilo oriental, utilizando la fuerza de la intercesión de los justos frente a una sociedad corrupta: «¿No perdonarás al lugar por los cincuenta justos que hay allí?...; ¿y si son cuarenta y cinco?...; supongamos que hay cuarenta…;  ¿y si hay treinta?...; mira he resuelto insistir todavía ante mi Señor, quizá se hallen allí veinte…; pero todavía añadió: no se enoje ahora mi Señor. Ésta es la última vez, quizá se hallen allí diez. Contestó (el Señor): “Por consideración a los diez no la destruiría”» (cf. Génesis 18,24-32).

Sólo en un corazón generoso cabe esta forma de oración. Abrahán confía plenamente en Dios: sabe que su amor misericordioso prevalece, sin invalidarla, sobre la justicia. Conoce al Señor. Por eso se dirige a Él con tanta libertad. La plegaria se convierte en diálogo, en diálogo amoroso y confiado. No pide nada para él ni para los suyos, pero tiene una preocupación y amor exquisitos por las personas concretas, por el mundo.

Para la oración
  • La narración bíblica nos sugiere una forma de oración poco convencional. Abrahán dialoga con Dios con plena confianza, con naturalidad, con el convencimiento de que el Señor siempre escucha… Su plegaria no está «encorsetada». 
  • Entiende el patriarca que las cosas pueden cambiar, que no estamos condenados a un destino fatal. La Historia humana y los acontecimientos diarios están en las manos de Dios. Esa convicción le lleva a suplicar con insistencia, con libertad, con esperanza y, sobre todo, con amor. Y con la convicción que Dios se puede valer de unos cuantos justos para salvar el mundo.
  • Pongamos en paralelo nuestra oración junto a la plegaria de nuestro padre en la fe Abrahán. ¿Trasluce la misma confianza? ¿Espero una respuesta de Dios con el mismo convencimiento?
  • ¿Soy capaz de utilizar un «regateo» similar en mi oración? Es decir, ¿hago mi plegaria insistente, machacona (no quiere decir pesada y repetitiva)… desde la convicción que Dios Padre-Madre siempre me escucha? Y más cuando nos ponemos «pesados». Dios nos ama con un amor infinito, entrañable, misericordioso. Y no puede negarnos nada que sea para nuestro bien o el de los otros, por los que rogamos.
  • ¿Mi oración nace de un corazón generoso? ¿Siempre tengo presentes las necesidades ajenas tanto o más que las mías propias?
  • ¿La imagen que tengo del Dios de la Biblia es la de Alguien justiciero o misericordioso? Consciente que la justicia no está reñida con el amor entrañable, sino que el segundo es la plenitud de la primera.
  • En mi vida concreta, cotidiana ¿qué es lo que priorizo en mis actos, en mi oración? Sólo quien practica la misericordia está en la órbita del Dios de Jesús.

Javier Velasco-Arias
(Publicado en Lluvia de rosas 678 [2018} 8-10)

jueves, 25 de mayo de 2017

Sagrado y misericordioso corazón de Jesús

Hace no demasiados años todos teníamos en la pared de la cabecera de la cama una imagen del Sagrado Corazón de Jesús. Algunas de esas imágenes estaban más logradas que otras y las había, cabe reconocerlo, algunas “muy mejorables”.

Abro un paréntesis para decir que cuando decimos que una imagen de Jesús o de María es fea se ha de entender, lógicamente, que nos referimos no a lo que representa sino a como lo representa, es decir, al arte o falta de él que ha tenido el artista o el bienintencionado pero muy poco artista. Aclarado queda.

Pues bien, lo más importante de esas imágenes era que nos representaba a Jesucristo, Hijo de Dios, con corazón de hombre.
Cuando en la Biblia se habla del corazón nos referimos no solo a la válvula que nos permite vivir porque bombea la sangre, ni tampoco solo al corazón que se enamora y ama a otra persona, sino también del lugar simbólico donde se toman las grandes decisiones y, también, el lugar de acogida al débil y necesitado, al pequeño o al diferente. Así pues, cuando de alguien decimos que “no tiene corazón” no nos referimos a que no posea la válvula, o cuando hablamos del Corazón de Jesús no lo hacemos refiriéndonos a lo que le bombea la sangre.

Esa realidad del Corazón de Jesús, tradicionalmente se ha designado precedida de la expresión “Sagrado”. No quisiera yo menoscabar para nada que Nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios verdadero, es Santo y Sagrado todo Él y, por tanto, también su corazón. Pero, me atrevo a completar esa denominación con el adjetivo “misericordioso” porque, sin duda, tras el Año de la Misericordia y, en especial, después de toda la predicación que de ello nos ha ofrecido el Papa Francisco, creo que así se completa de manera necesaria la comprensión de qué es el Sagrado y Misericordioso Corazón de Jesús.

Un Corazón que ama, perdona y se compadece. Recordemos como siente y actúa ese Corazón ante la multitud de personas que le han seguido para escucharles. Jesús había aprendido de su Madre el “no tienen vino”, es decir, el fijarse en qué es necesario y, sobre todo, en quién está necesitado. Así, ahora, Jesús se fija en que “no tienen pan” y desde su mirada compasiva, como hizo al convertir el agua en vino, ahora convierte lo poco en mucho. Porque el Sagrado y Misericordioso Corazón de Jesús es un lugar de acogida generosa.

Quique Fernández

jueves, 20 de octubre de 2016

Sinaí, nuevas oportunidades

Moisés, el patriarca y liberador, no fue profeta en su tierra, o mejor dicho entre su pueblo. Acaba de liberar a su pueblo de la esclavitud de Egipto y el pueblo le echa en cara una y otra vez las dificultades del camino, un camino que es desierto. Tanto es el desagradecimiento del pueblo a Dios y a Moisés que llegan a decir:

«¡Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en la tierra de Egipto cuando nos sentábamos junto a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta hartarnos! Vosotros nos habéis traído a este desierto para matar de hambre a toda esta asamblea.» (Ex 16, 13).

Aún peor será la rebeldía e infidelidad a Dios ante la impaciencia por la tardanza de Moisés en el Sinaí. Se harán su propio “dios”, el becerro de oro, y darán vía libre a sus apetencias más egoístas.
Pero tanto en el desierto como en el Sinaí, Dios va a mostrar que cuando dijo que liberaría a su pueblo, se refería tanto a la liberación del opresor externo como a la esclavitud del egoísmo. Y Dios va a tener mucha, mucha, mucha paciencia con un pueblo “quejica”, desagradecido, rebelde, infiel. Lo va a hacer con mucha paciencia y con mucha misericordia, otorgándoles una oportunidad detrás de otra.

Quizá el culmen de esta misericordia se visualiza en perdonar la idolatría del becerro de oro y volver a conceder por segunda vez sus “Diez palabras” de felicidad y salvación. Pensemos que el pecado del becerro de oro es mucho más de lo que se ve. El gran pecado no es otorgarle una importancia cultual desmedida al becerro. No, el pecado más grande no está en el becerro mismo. El pecado más grave es el abandono que se hace de Dios, el empujón que se le da para que salga de sus vidas. Así, lo más grave no será el desenfreno sino la desesperanza que lleva a la traición y la traición que lleva a la desesperanza. Y por tanto, el pecado más grave que Dios perdonará generoso desde su misericordia es un pecado contra el mismo Dios.

Este capítulo de la historia de la salvación me recuerda a otro muy conocido. Al igual que con la liberación de Egipto, también en la entrada de Jesús a Jerusalén se desbordó la alegría. Una multitud clamando “Hosanna”. Pero de esa alegría, en pocos días, pasamos a momentos tristes y difíciles. Han prendido a Jesús, Pilato pregunta y muchos gritan “crucifícale”.

En algunas meditaciones se cuestiona como los que decían “Hosanna” pueden al poco decir “crucifícale”. Yo nunca he pensado que fuesen los mismos. En Jerusalén, en Pascua, había gente suficiente para lo uno y para lo otro. Lo que yo sí me pregunto es dónde estaban los primeros, los del “Hosanna” cuando los segundos gritaban “crucifícale”. ¿Dónde estaban? Seguramente les pasó lo mismo que en el desierto y el Sinaí. La desesperanza les llevó a la traición del abandono.

Y también en esta ocasión Dios va a perdonar lleno de misericordia ese abandono. Lo va a hacer por todo lo grande. Si en Sinaí volvió a regalar sus “Diez palabras”, aquí la segunda oportunidad será su Palabra resucitada. Jesús, el Hijo de Dios, que ha sido abandonado en el pretorio, vuelve a la vida y da una segunda oportunidad. Este es el acto más misericorde de Dios hacia nosotros. 
Dios nos lo perdona todo. Estos días de violencia salvaje contra los cristianos nos podemos preguntar ¿vamos a perdonar?

Quique Fernández

lunes, 3 de octubre de 2016

Año jubilar en la Biblia

Los textos principales sobre el Año Jubilar en la Biblia los encontramos en las prescripciones del Levítico, formando parte del llamado «Código de santidad». Es una conmemoración que se celebraba cada cincuenta años, y parte de la convicción de que todo pertenece a Dios, al Dios Santo, al que deben servir en santidad todos los miembros del Pueblo de Dios.

Haz el cómputo de siete semanas de años, siete por siete, o sea, cuarenta y nueve años.
A toque de trompeta darás un bando por todo el país, el día diez del séptimo mes. El día de la expiación haréis resonar la trompeta por todo vuestro país.
Santificaréis el año cincuenta y promulgaréis la liberación en el país para todos sus moradores. Celebraréis jubileo, cada uno recobrará su propiedad y retornará a su familia.
El año cincuenta es para vosotros jubilar, no sembraréis, ni segaréis lo que brotó espontáneamente, ni vendimiaréis las viñas no cultivadas.
Porque es jubileo, lo considerarás sagrado. Comeréis de la cosecha de vuestros campos.  En este año jubilar cada uno recobrará su propiedad (Lv 25,8-13).

Es un año santo, un año del perdón (dado y recibido: se iniciaba después de la celebración del «Día del perdón», anunciado al toque del cuerno o trompeta, para que todo el pueblo fuese consciente de que debía ponerse en paz con el prójimo, para poder participar del perdón divino); un año de alegría, de júbilo; un año de redistribución de las tierras y de las riquezas (todo pertenece a Dios, el ser humano sólo es  administrador, usufructuario); un año de la libertad (nadie es esclavo ni dueño de nadie), de la justicia social; un año de respeto por la tierra, por todo lo creado (hoy diríamos una celebración ecológica)…

Unos fundamentos bíblicos a tener en cuenta en la celebración de nuestros años jubilares y, en concreto, del Año jubilar de la Misericordia que estamos celebrando. No es cuestión de «ganar» unas indulgencias (y menos si estas no se viven en referencia al perdón gratuito de Dios, un perdón que estamos llamados a practicar), ni de vivir una religiosidad del mérito: las gracias (o indulgencias) que recibimos (no que ganamos) son un don de Dios, un regalo divino. Exigen, lógicamente, nuestra respuesta desde la libertad; pero la respuesta es siempre aceptación de la gratuidad.

No podemos olvidar tampoco los componentes de liberación, de justicia social, de redistribución de las riquezas, de una sana y necesaria ecología…, siempre desde la perspectiva de un Dios misericordioso, al que debería corresponder un Pueblo de Dios misericordioso.

El papa Francisco invita a tomarnos en serio estas actitudes irrenunciables en un Año jubilar de la Misericordia, al estilo de la Palabra de Dios:


En este Año Santo, podremos realizar la experiencia de abrir el corazón a cuantos viven en las más contradictorias periferias existenciales, que con frecuencia el mundo moderno dramáticamente crea. ¡Cuántas situaciones de precariedad y sufrimiento existen en el mundo hoy! Cuántas heridas sellan la carne de muchos que no tienen voz porque su grito se ha debilitado y silenciado a causa de la indiferencia de los pueblos ricos. En este Jubileo la Iglesia será llamada a curar aún más estas heridas, a aliviarlas con el óleo de la consolación, a vendarlas con la misericordia y a curarlas con la solidaridad y la debida atención. No caigamos en la indiferencia que humilla, en la habitualidad que anestesia el ánimo e impide descubrir la novedad, en el cinismo que destruye. Abramos nuestros ojos para mirar las miserias del mundo, las heridas de  tantos hermanos y hermanas privados de la dignidad, y sintámonos provocados a escuchar su grito de auxilio. Nuestras manos estrechen sus manos, y acerquémoslos a nosotros para que sientan el calor de nuestra presencia, de nuestra amistad y de la fraternidad. Que su grito se vuelva el nuestro y juntos podamos romper la barrera de la indiferencia que suele reinar campante para esconder la hipocresía y el egoísmo (MV 15).

Javier Velasco-Arias

jueves, 22 de septiembre de 2016

«He visto sufrir a mi pueblo. Voy a liberarlo» (Ex 3, 7-8)

El Pueblo de Israel había encontrado en Egipto una tabla de salvación para la hambruna que padecía en su tierra. No tuvo que resultar fácil abandonar esa tierra que formaba parte profunda de su identidad, pero al final tuvo que aceptar lo inevitable.


En Egipto tuvo años de prosperidad. Los hijos del Pueblo de Israel se multiplicaron de tal forma que el faraón se asustó porque le estaban “hebraizando” su país. Y, a partir de ahí, empezó a oprimir y esclavizar a los israelitas, incluso matando a los hijos varones al nacer.

Dios Padre que ama a sus hijos y, de una manera más especial a los más débiles, se encuentra con Moisés y le dice: “He visto sufrir a mi pueblo”.

Una vez más, como también lo fue al evitar el sacrificio de Isaac, Dios en el Antiguo Testamento se presenta como el Dios de la Vida, de la Misericordia, cercano y preocupado por sus hijos.

Y remata la frase con la clara y contundente expresión “voy a liberarlo”. Dios no se conforma con la lástima. En más de una ocasión he oído a personas decir, ante reportajes televisivos de niños muriendo de hambre, “pobrecitos estos niños, pero estos programas no deberían darlos a la hora de la comida (o cena)”. Dios no se queda en la lástima, Dios se compromete. Su misericordia no es tan solo un sustantivo, es un verbo que surge de un Amor que se dona a sí mismo.

De este capítulo de la historia del Pueblo de Israel, prefiguración de lo que hoy es la Iglesia, el Pueblo de Dios que camina en la historia, debemos aprender.

Si nos repele esa malévola actitud del faraón ante su miedo a la “hebraización” de Egipto, nos deberá repulsar igualmente cualquier comentario del tipo “nos están islamizando” o “primero para los de aquí” para excusar nuestra falta de misericordia.

Como entonces, hay pueblos que han de abandonar su tierra, con el profundo dolor de quien lo deja todo, buscando una manera de sobrevivir. Lo que hicieron los israelitas y lo que haríamos cualquiera de nosotros para dar de comer a nuestros hijos.

No cabe pues, ni elevar muros (o rejas) en lugar de tender puentes (tal como ha dicho el Papa Francisco) ni pretender que el origen de las personas les pueda convertir en ciudadanos de segunda.

El “voy a liberarlo” está en la misma dinámica que las palabras de Jesús de Nazaret: “He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”.


Quique Fernández

jueves, 15 de septiembre de 2016

Abraham e Isaac: un ejercicio de misericordia

Para empezar, una invitación a hacer un sencillo ejercicio. Todos conocemos el relato de cómo Abraham casi sacrifica a su hijo Isaac. Hacemos un poco de memoria de lo que recordamos y… ¿cuál es el ejercicio? Como ya he dicho, es bien sencillo. Toma una hoja de papel y un lápiz, y dibuja en una sola viñeta la imagen que te suscita ese relato.

Me atrevo a predecir que mayoritariamente los dibujos nos van a mostrar a Abraham con el cuchillo en la mano levantada sobre Isaac. Especialmente, si lo hicieran niños y adolescentes, van a destacar por su tamaño el cuchillo. El cuchillo, a veces incluso transformado en espada, se convierte en protagonista destacado.

Es posible que algunos de nosotros, menos peliculeros, remarquemos la cara de dolor de Abraham o la pequeñez e inocencia de Isaac.

Ahora, permitidme que recordemos el texto bíblico:

Tomó Abraham la leña del holocausto, la cargó sobre su hijo Isaac, tomó en su mano el fuego y el cuchillo, y se fueron los dos juntos. Dijo Isaac a su padre Abraham: "¡Padre!" Respondió: "¿qué hay, hijo?" — "Aquí está el fuego y la leña, pero, ¿dónde está el cordero para el holocausto?" Dijo Abraham: "Dios proveerá el cordero para el holocausto, hijo mío." Y siguieron andando los dos juntos. Llegados al lugar que le había dicho Dios, construyó allí Abraham el altar, y dispuso la leña; luego ató a Isaac, su hijo, y le puso sobre el ara, encima de la leña. Alargó Abraham la mano y tomó el cuchillo para inmolar a su hijo. Entonces le llamó el Ángel del Señor desde los cielos diciendo: ¡Abraham, Abraham!" Él dijo: "Heme aquí." Dijo el Ángel: "No alargues tu mano contra el niño, ni le hagas nada, que ahora ya sé que tú eres temeroso de Dios, ya que no me has negado tu hijo, tu único." Levantó Abraham los ojos, miró y vio un cordero trabado en un zarzal por los cuernos. Fue Abraham, tomó el cordero, y lo sacrificó en holocausto en lugar de su hijo. (Gn 22, 6-13)

En una segunda fase de este ejercicio nos fijamos más y mejor en el relato que, ahora sí, tenemos delante y podemos leer y releer. Incluso nos puede facilitar la labor de comprensión el que se nos desvele una clave: se trata de dejar de fijarse tanto, casi en exclusiva, en los detalles más tristes (el cuchillo, el sufrimiento de Abraham, el peligro sobre Isaac) para fijarnos en los aspectos más positivos. Entonces… se obra el milagro y junto a nuestra sonrisa aparece el Ángel del Señor defendiendo la vida de Isaac, aparece Dios mismo que es el Dios de la Vida y aparece el cordero que representa a Jesucristo que ocupa nuestro lugar en la Cruz para entregar su vida por nosotros.

Descubrimos que muchas veces nos quedamos solo con los aspectos negativos de las cuestiones. Esa parcialidad negativa nos impide ver los otros aspectos más positivos. Eso nos pasa como lectores y también como autores (de comentarios, de entradas de blogs…). Y así se va creando una “marea negra” que lo invade todo: que si el Papa, mi obispo, mi párroco, aquel sacerdote… que si esto ya no se hace como antes… que si aquellos son muy malos… Cuantas veces al leer ciertos escritos hipercríticos con la Iglesia y el Papa me viene al recuerdo aquel apelativo de Juan XXII, “Profetas de calamidades”.

No nos quedemos solo con mirar la espada, de la justicia o de la venganza, fijémonos en la voz de Dios, por medio del ángel, que es amor y misericordia.

Acabamos este ejercicio maravillándonos de cómo cambia nuestra lectura y comprensión de este relato (y de otros tantos en el Antiguo Testamento) cuando buscamos al Dios de la Vida, y, por tanto, cabe preguntarse ¿cómo es mi lectura de la Biblia? y ¿cómo es mi mirada hacia el hermano?

Quique Fernández


jueves, 25 de agosto de 2016

El Dios de la vida, Génesis 1-11

La imagen que nos sugieren los primeros capítulos de la Biblia es la de un Dios que crea todas las cosas por amor. El amor auténtico es siempre propagativo, comunicativo, necesita compartirse… Dios, todo amor, desea comunicarlo a toda la Creación, con predilección al ser humano.
El Dios de la Biblia es un Dios de la vida, que encarga al ser humano, la criatura más querida de todas, la continuidad, el cuidado, la conservación de todo lo creado. La responsabilidad del equilibrio ecológico –utilizando el lenguaje actual– es encomendada a la Humanidad, a cada mujer y a cada hombre.
Los relatos de la Creación que leemos en el libro del Génesis corresponden probablemente a tradiciones de las más antiguas que encontramos en la Biblia Hebrea, en el Antiguo Testamento. Y, más importante, la noción que el pueblo israelita tiene de un Dios Creador no tiene correspondencia con la de otras culturas circundantes; aunque utilice, con frecuencia, imágenes y mitos comunes: un Dios que entra en diálogo amoroso con el ser humano, que tiene una exquisita preocupación de que sea feliz, que quiere compartir su amistad con él. Las narraciones del primer texto de la Biblia nos hablan de paz, armonía, orden, equilibrio, amor…
La Creación es el inicio del diálogo amoroso entre Dios y el ser humano. Toda la obra creadora, tanto en la narración sacerdotal (Gn 1,1-2,4a), como en la probablemente más antigua yahvista (Gn 2,4b-25), nos presenta a la persona humana como el centro de dicho acto, la razón última.
La imagen que nos proporcionará la Biblia sobre la Creación es la de un Dios que ha hecho todas las cosas con bondad y belleza, de manera que cualquier referencia a la Creación, al origen, participará de esa bondad y belleza original. En seis ocasiones encontraremos la exclamación: «y vio Dios que era bueno» como postilla de cada día de la Creación (Gn 1,4.10.12.18.21.25); y culmina con una séptima que plenifica y completa los anteriores: «y vio Dios que todo era muy bueno», después de la creación del ser humano, hombre y mujer (Gn 1,31).
El mal, la violencia, la muerte no están en el inicio de la obra creadora; serán la consecuencia de apartarse de ese plan original de Dios. Las posteriores narraciones del primer pecado, del asesinato de Abel por su hermano Caín, el mal generalizado que lleva al diluvio, son consecuencias de abandonar el plan amoroso y original de Dios. El pecado, el mal, la infelicidad, las discordias, las divisiones, los odios, la violencia… tienen como única causa la infidelidad al plan primigenio de Dios.
La protohistoria que nos narra los once primeros capítulos de la Biblia es un canto al amor, a la paz, al equilibrio ecológico, a la ausencia de violencia, a la felicidad humana. No intenta responder a cómo surgió el universo o la vida en el mundo o el ser humano; esas respuestas corresponden a la ciencia. Sí, por contraposición, responden a ¿Quién (con mayúscula) está detrás de cada uno de estos acontecimientos?; ¿porqué y para qué son creadas todas las cosas?; ¿cuál es el papel del ser humano en el mundo y con respecto a todo lo creado?; ¿cuál es el plan original de Dios para el Universo y para la Humanidad?. Las respuestas a estas últimas preguntas nos llevan a descubrir un Dios misericordioso, entrañable, todo amor, desde las primeras páginas de las Escrituras sagradas.
Javier Velasco-Arias

miércoles, 20 de julio de 2016

Biblia y misericordia: ¿cómo es tu Dios?

“Ya no se trata solo de si creemos o no creemos en Dios sino de cómo es el Dios en que creemos”.

Esta acertadísima frase nos va a servir de inicio de recorrido en esta nueva entrega de la serie que hemos iniciado sobre Biblia y misericordia. Me parece que esta cuestión es muy necesaria como puente antes de entrar de lleno en el Antiguo Testamento.

A poco que conozcamos el catecismo sabemos que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. Pero a poco que conozcamos cómo somos los seres humanos, individual y grupalmente, sabemos que acostumbramos a darle la vuelta a esta frase y… somos capaces de “crear un dios” a nuestra imagen y semejanza que, triste pero evidentemente, no es para nada el Dios cristiano.

Si nosotros somos insolidarios, rencorosos y vengativos, “nuestro dios”, creado a nuestra imagen y semejanza, va ser igual de insolidario, rencoroso y vengativo. Y si ese “nuestro dios” es así, nuestra religiosidad y pseudo-espiritualidad también lo será así.

Además, esa religiosidad no solo será así, sino que ante cualquier crítica respecto de cómo es, podremos mantenernos impasibles en nuestro error ya que nos sentimos legitimados por “nuestro dios”. Si “mi dios” es así, ¿por qué no habré de serlo yo?

Como vemos, de un error inicial se ha creado una dinámica, diríamos un bucle, de difícil salida ya que se va retroalimentando a sí mismo. Para algunos, casi de nada servirá, pues, que la Palabra de Dios, la doctrina de la Iglesia y cada una de las alocuciones del Papa se dirijan a todos los cristianos en clave de misericordia. Dirán que eso es “flojera” pacifista o que el progresismo se ha adueñado de la Iglesia y del Papa. Lo que sea, con tal de mantenerse fieles a la imagen que ellos se han creado de Dios, fieles a “su dios”.

No es, por tanto, difícil de explicar que desde una religiosidad construida desde “mi dios”, sea posible sostener salvajadas como las siguientes que a continuación señalaré:

- “Si te portas mal Dios no te querrá”. Esa es la mentira más grande que se puede decir a un niño. Dios todopoderoso hay algo que no puede: dejar de amar!!! Dios ama y ama y ama más y sigue amando y no para de amar. Si Dios no ama, entonces no es Dios.

- “Si haces eso Dios te va a castigar”. Otra mentira enorme. Con esta se ha hecho a Dios culpable de inundaciones, terremotos, enfermedades... incluso al sida se le consideró un castigo de Dios. Ese “dios sádico” no es, ni se le parece lo más mínimo, el Dios de Jesús y su Iglesia.

- “Si has hecho eso no tienes perdón de Dios”. Una mentira más. Dios perdona siempre al que quiere ser perdonado. Recuerdo una viñeta que decía que el oficio de Dios es perdonar. Ama siempre y perdona siempre porque su Misericordia es infinita.

Y podríamos seguir con diferentes modalidades que dan vueltas a lo mismo… En cambio, como se transforma todo si mi mi fe, mi religiosidad y espiritualidad, se construyen a partir del Dios rico en Misericordia, de Dios que ama y perdona siempre, de Dios “locamente” enamorado de sus hijos.

Que no te den gato por liebre. Fíjate bien, en las webs, blogs y comentarios en general, como es el Dios del que hablan, que cristianismo es el que transpiran, como van de misericordia. No te confundas, esa idea de que las cosas de fe requieren ser muy rigurosos es muy poco cristiana. Dice la Palabra de Dios: “Misericordia quiero y no sacrificio” (Oseas 6, 6 / Mt 9, 13). Y acaba de decir el Papa Francisco: ”La rigidez clerical cierra los corazones, y ha hecho mucho mal”.

¿Sabes cuál es el peor mal que ha hecho esa rigidez? Hemos convertido a muchos de nuestros hermanos alejados, incluso equivocados, en enemigos y, por nuestra culpa, ellos han entendido que “nuestro dios” era su enemigo. Es gravísimo utilizar a Dios, a las cosas de Dios, como pedrada contra el contrario.

Quique Fernández

miércoles, 13 de julio de 2016

La misericordia en la Biblia

Estamos en plena celebración del Año Jubilar de la Misericordia. Una iniciativa del actual papa Francisco que ha querido que toda la Cristiandad participe de este evento y de esta actitud de profundas raíces bíblicas.

El Diccionario de la Real Academia Española, define la «misericordia», en su primera acepción, como: Virtud que inclina al ánimo a compadecerse de los sufrimientos y miserias ajenos. Implica, por tanto, estar atento a las miserias humanas, padecer con quien las sufre, implicarse en acabar con ellas.

La Sagrada Escritura nos muestra a un Dios que es misericordia. El papa Francisco, en la Bula de convocatoria del Jubileo de la misericordia, presenta al Dios de la Biblia como un Dios cuyo nombre, cuya atributo más significativo es la misericordia: El Padre, «rico en misericordia» (Ef 2,4), después de haber revelado su nombre a Moisés como «Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira, y pródigo en amor y fidelidad» (Ex 34,6) no ha cesado de dar a conocer en varios modos y en tantos momentos de la historia su naturaleza divina (Bula Misericordiae vultus, n. 1).

Las expresiones que encontraremos en el Antiguo Testamento para hablar del amor misericordioso de Dios son diversas y nos van dibujando su rostro amoroso:

a) Misericordia (hesed): es una palabra que indica misericordia, clemencia, compasión; pero, también lealtad, amor fiel. Los textos bíblicos que mencionan el amor misericordioso de Dios son frecuentes, de una manera especial en el libro de los Salmos: (El Señor) ama la justicia y el derecho y su misericordia llena la tierra. (Salmo 33,5). La misericordia divina es inmensa, inconmensurable, universal, lo llena todo.

b) Amor entrañable (rahamim): esta expresión está emparentada semánticamente con el «útero materno» (rehem). Y es que el amor de Dios es presentado como un amor íntimo, entrañable, maternal. La Palabra de Dios nos describe una forma de amor que hunde sus raíces en la forma de amar que una buena madre tiene al hijo que lleva en sus entrañas. El amor de Dios funciona así: Él es amor entrañable (Salmo 78,38); Pero tú, Señor, Dios entrañable y piadoso, paciente, misericordioso y fiel (Salmo 86,15).

c) Amor auténtico, verdadero (emet): el amor de Dios es incuestionoble, cierto, fidedigno. El Dios de la Biblia no puede dejar de ser fiel a su Palabra.Tú (Dios nuestro) has sido justo en todo lo que nos ha acontecido; tú has sido fiel (emet: leal, verdadero), y nosotros inicuos. (Nehemías 9,33). Dios es siempre justo, su amor es fiel en todo momento, no ocurre igual entre sus fieles, en el Pueblo de Dios que no guarda en muchas ocasiones la fidelidad a que se ha comprometido.

La historia de Israel, del Pueblo de Dios, es una constante experiencia del amor de Dios. Un Dios entrañable, misericordioso, fiel, autentico. Un Dios que tiene un cuidado exquisito de sus fieles, de toda la Humanidad. Un Dios cuyo nombre es misericordia, amor entrañable, donación ilimitada.


En sucesivos artículos iremos desarrollando cómo se manifiesta este amor misericordioso en distintos pasajes tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento.

Javier Velasco-Arias

domingo, 6 de diciembre de 2015

Año jubilar de la misericordia


Este martes, 8 de diciembre de 2015, comienza un Año Jubilar extraordinario: el Jubileo de la la misericordia.

El papa Francisco ha querido celebrar, con un año jubilar, los 50 años de la clausura del Concilio Vaticano II, un concilio que ha marcado la Iglesia de una manera extraordinaria, definitiva. Un concilio donde lo pastoral fue lo prioritario.

Y qué mejor forma de hacerlo que subrayar y celebrar el amor misericordioso de Dios.

  • «Siempre tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia. Es fuente de alegría, de serenidad y de paz. Es condición para nuestra salvación. Misericordia: es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad. Misericordia: es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. Misericordia: es la vía que une Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados no obstante el límite de nuestro pecado» (Francisco, Bula Misericordiae Vultus, de convocatoria del año jubilar).
Se nos presenta una oportunidad inmensa para profundizar en el amor único, entrañable, compasivo, misericordioso de Dios. Y, al mismo tiempo, de formar parte de la dinámica divina del amor.

Es frecuente que la Biblia nos hable del amor de Dios con el adjetivo «entrañable» o con el sustantivo «amor entrañable». En ambos casos los textos están describiendo una forma de amor que hunde sus raíces en la forma de amar que una buena madre tiene hacia el hijo que lleva en sus entrañas. Dios ama con amor entrañable, misericordioso, compasivo. Mejor aún: «Él es amor entrañable» (Salmo 73,38).

En el profeta Isaías encontramos uno de los textos más bellos de cómo es este amor de Dios:
  • ¿Se olvida una madre de su criatura, deja de amar al hijo de sus entrañas? Pues aunque una madre se olvidara, yo jamás me olvidaré (Isaías 49,15).
El profeta compara el amor de Dios con el de una madre que está embarazada o está amamantando a su bebé. El vínculo tan estrecho que se produce entre madre e hijo es signo de cómo Dios ama. Más aún, si una madre de forma desnaturalizada fuese capaz de olvidarse de su hijo de pecho, de abandonarlo; Dios no actuaría nunca así. Él jamás lo haría, jamás nos abandonaría, nunca dejaría de amarnos.

Los ejemplos bíblicos, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, son múltiples del amor misericordioso de Dios.

El papa Francisco, la Iglesia nos invitan a vivir, de una manera especial, este amor único de Dios. A sentirlo, a proclamarlo, a vivirlo.

Javier Velasco-Arias

jueves, 26 de marzo de 2015

Dios es amor


Crónica de las 3ª Jornadas Bíblicas de Sevilla

Del viernes 20 al domingo 22 de marzo de 2015, se han celebrado en Sevilla las 3ª Jornadas Bíblicas, este año bajo el tema: «Dios es amor». Fueron organizadas por la «Escuela de Animación Bíblica y Comunicación “San Pablo”» (EscAByC “San Pablo”) con la colaboración de la «Escuela de Animación Bíblica de Barcelona». Diversos ponentes y animadores fueron pasando por las distintas sedes en las que se celebraron los Encuentros, en los cuales participaron una media de 40 personas.

Este año, desde la organización se quería dar un mayor relieve a las Jornadas e intentar abrirlas al mayor número de personas posible, por lo que se habilitaron distintas sedes para, precisamente, facilitar la participación.

El viernes 20, los anfitriones fueron el «Grupo Bíblico de la Parroquia de San Sebastián». En el primer encuentro, Miguel Ángel Garzón, profesor de Sagrada Escritura en el CET y el «Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Isidoro y San Leandro de Sevilla», nos deleitó con su ponencia «Dios, amor compasivo en la Biblia»; hizo un repaso por la Sagrada Escritura, a partir de distintos textos, sobre todo, del Antiguo Testamento, y nos fue mostrando el amor y la compasión de Dios en el Pentateuco, los Profetas y los otros Escritos. Llegamos a la conclusión de que el amor compasivo de Dios que se nos muestra en el Nuevo Testamento, sobre todo en Lc 15,11-32, hunde sus raíces en la tradición judía. La jornada concluyó con una Lectio Divina, que animaron José Manuel Montesinos y Paqui Alonso, ya asiduos de estas Jornadas y amigos y colaboradores de la EscAByC “San Pablo”. Fue un momento de verdadera emotividad, intimidad y alabanza, dando gracias a Dios por su amor. Entre canto y canto, se leyó la Palabra, concretamente 1Jn 4,7-21, compartimos aquello que el Espíritu Santo estaba inspirando en nuestro corazón y oramos e intercedimos juntos por las necesidades del mundo.
           
El sábado, por la mañana, los encuentros continuaron en la «Parroquia del Santísimo Redentor», y le tocó el turno a los miembros de la «Escuela de Animación Bíblica de Barcelona». Javier Velasco-Arias, profesor de Biblia en el «Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Barcelona»; con la profundidad y el buen humor que le caracterizan, nos mostró la doble faceta de «Dios, Padre-Madre», presentándonos diversos textos de la Escritura en los que esto se hace presente. Nos puso en evidencia un Dios, muchas veces desconocido para los cristianos, que es ternura, comprensión, conmovedor, entrañable... A continuación, Quique Fernández, coordinador de la «Escuela de Animación Bíblica de Barcelona», con su simpatía y buen hacer, nos invitó a despojarnos de algunas de la imágenes deformadas que tenemos de Dios (el dios comodín, el dios lotería, el dios apagafuegos, el dios de la velas...) y acoger las imágenes auténticas de Dios, que nos son sino las imágenes que Jesucristo nos muestra en los evangelios: Dios Padre amoroso que tiene compasión de su hijos.

Por la tarde, le tocó el turno a la Parroquia de Los Remedios; allí se celebró una mesa redonda cuyo título era: «Comunicar a Dios». En ella participaron: Francisco Ortíz, Canónigo Arcediano de la Catedral y Párroco de Los Remedios, Manuel Sánchez, Delegado de Catequesis de la Archidiócesis y Javier Velasco-Arias. Cada uno de ellos, desde su perspectiva particular, la pastoral, la catequesis y la animación bíblica, nos presentaron diversas maneras de comunicar a Dios. El broche de oro del día y yo diría de las Jornadas lo puso Jesús Cabello con su banda, en un espectacular concierto en el que se metió en el bolsillo a todos los asistentes, mayores y jóvenes, hombres y mujeres, revelándonos al Dios de la vida.

Las Jornadas concluyeron el domingo, en la Sede de la EscAByC “San Pablo”, en la Comunidad de los Paulinos de la capital hispalense, allí acogieron a los asistentes, los Grupos Bíblicos «Beato Santiago Alberiorne» y «San Pablo». Comenzó Jaime Olóndriz, con una excelente exposición sobre el perdón de Dios, subrayando fuertemente la importancia que tiene el que seamos conscientes de que Dios perdona siempre y que su amor es incondicional. Por una pequeña indisposición de Pepe Pedregosa, Coordinador de la «Escuela de Animación Bíblica y Comunicación “San Pablo”», cerró las Jornadas Quique Fernández, enviando a los asistentes a proclamar la Buena Noticia de Jesucristo y difundir el amor de Dios a todos los confines del mundo.

Han sido unos días verdaderamente intensos en los que ha reinado la fraternidad y el interés por conocer más y mejor la Sagrada Escritura. Esperamos que estas Jornadas se sigan celebrando, sobre todo para que el amor a la Biblia se extienda a todos los cristianos.
           
La «Escuela de Animación Biblica y Comunicación “San Pablo”» de Sevilla se ofrece para acompañarte impartiendo: retiros, ejercicios espirituales, espacios de silencio y oración; talleres de Biblia y Lectio Divina; Crecimiento Espiritual; acompañamiento; sesiones de Coaching; talleres de Liderazgo e Inteligencia Emocional; talleres de Comunicación.

Los grupos bíblicos de la Escuela se reúnen para orar: «Grupo Beato Alberione», lunes 18:00 hs.; «Grupo San Sebastián», martes 19:00 hs.; «Grupo San Pablo», miércoles 17:30 hs.

Más información: bibliaycomunicacion@gmail.com

José Ignacio Pedregosa

viernes, 7 de noviembre de 2014

7ª Semana Bíblica en Barcelona: «Dios es Amor»

Por séptimo año consecutivo la «Escuela de Animación Bíblica de Barcelona» convoca para este mes de noviembre (del sábado 22 al sábado 29) la Semana Bíblica, este año bajo el título «Dios es Amor». La hemos preparado con mucha ilusión, máxime cuando estamos en el curso de nuestro 10º aniversario.
Para empezar, nos permitimos destacar un acto de entre todos ellos. A Javier Velasco-Arias la dirección de la revista "Reseña Bíblica" (Revista de la "Asociación Bíblica Española", editada por Verbo Divino) le encargó el monográfico "Biblia y Pastoral". Ya se ha publicado y ahora, el martes 25 de noviembre a las 19 h., en la Librería Paulinas, lo presentaremos Lorenzo de Santos (director de "Reseña Bíblica") y los autores Javier Velasco-Arias (coordinador, profesor del ISCREB), Núria Calduch-Benages (profesora de la Pontificia Universidad Gregoriana, que vendrá desde Roma, Italia), Andreu Muñoz (director del Museo Bíblico de Tarragona), Quique Fernández (coordinador de la Escuela de Animación Bíblica de Barcelona), y Jan J. Estefanów (secretario general de la Federación Bíblica Internacional Católica, que vendrá desde Munich, Alemania). Es un buen día para empezar a celebrar el 10º aniversario y, por ello, os esperamos a todos.
A continuación detallamos todo el programa:
Sábado 22 de noviembre a las 18 h en Librería Paulinas (Rda Sant Pere 19)
Mesa Redonda "Imágenes auténticas y deformadas de Dios"
con la participación de:
- Josep Otón (profesor del ISCREB)
- Ariadna Blanco (delegada de Ayuda a la Iglesia Necesitada en Catalunya)
- Quique Fernández (coordinador de la Escuela de Animación Bíblica de Barcelona)
- moderador: Jaime Olóndriz (animador bíblico)
Sábado 22 de noviembre a las 21:30 h en la Parroquia de la Milagrosa (Consell de Cent 110)
Concierto "Desde las entrañas"
con "Cor Nou", música cristiana
Domingo 23 de noviembre a las 17:30 h en la Parroquia de la Milagrosa (Consell de Cent 110)
Conferencia "Dios creador. Respuesta al panteísmo y la gnosis"
con D. Enrique Cases, profesor de Teología
Lunes 24 de noviembre a las 18:30 h en la Parroquia de la Milagrosa (Consell de Cent 110)
Conferencia "Dios ama y perdona"
con Mn. Francisco García Baca, profesor del Institut Superior de Litúrgia de Barcelona
Martes 25 de noviembre a las 19 h en en Librería Paulinas (Rda Sant Pere 19)
Presentación de "Biblia y Pastoral" (Reseña Bíblica 83)
con la participación de:
- Lorenzo de Santos, director de Reseña Bíblica
- Javier Velasco-Arias, profesor del ISCREB y del CEP, coordinador de la obra
- Núria Calduch-Benages, miembro de la Pontificia Comisión Bíblica y profesora de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma
- Andreu Muñoz, director del Museu Bíblic Tarraconense y arqueólogo
- Quique Fernández, coordinador de la "Escuela de Animación Bíblica de Barcelona"
- Jan J. Estefanów, secretario general de la "Federación Bíblica Internacional Católica" (FEBIC)
Miércoles 26 de noviembre a las 18:30 h en la Parroquia de la Milagrosa (Consell de Cent 110)
Conferencia "Dios Padre-Madre. Somos familia de Dios"
con P. Enrique Martin, cpcr.
Jueves 27 de noviembre a las 19 h en la Parroquia de la Milagrosa (Consell de Cent 110)
Rosario bíblico
con la interpretación musical de "Dulcia Càntica"
Jueves 27 de noviembre a las 20 h en la Parroquia de la Milagrosa (Consell de Cent 110)
Misa de la Solemnidad de la Mare de Déu de la Medalla Miraculosa
presidida por Mn. Enric Ribas
Viernes 28 de noviembre a las 18:30 h en la Parroquia de la Milagrosa (Consell de Cent 110)
Encuentro de Oración para jóvenes
con Mn. Bruno Bérchez, delegado de juventud de la Diócesis de Barcelona
Sábado 29 de noviembre a las 18 h en la Parroquia de la Milagrosa (Consell de Cent 110)
Actividad bíblica infantil
Sábado 29 de noviembre a las 21:30 h en la Parroquia de la Milagrosa (Consell de Cent 110)
Mesa Redonda "Comunicar a Dios"
con:
- José Gabriel Vera, director del Secretariado de Medios de Comunicación de la Conferencia Epíscopal Española
- Ignasi Miranda, periodista de Radio Estel y Cope-Barcelona
- Hno. Pepe Pedregosa, SSP, animador de medios de comunicación
- Moderadora: Amparo Gómez, responsable de prensa del Bisbat de Sant Feliu
Organizan:
Escuela de Animación Bíblica de Barcelona
Parroquia Mare de Déu de la Medalla Miraculosa de Barcelona
Grupo Bíblico y Misionero “Cinco panes y dos peces”
Librería Paulinas - Barcelona
Coordina:
Quique Fernández
Tel.: 652 078 868
e-mail: quimil66@yahoo.es

viernes, 13 de septiembre de 2013

Amor de donación

Pablo en su primera carta a los Corintios nos habla de los diversos dones, de los que participa la comunidad de seguidores de Jesús: 1Cor 12,1-13,13 (leerlo en el link)
Dichos dones –si son tales– proceden del Espíritu Santo y, por tanto, su origen común significa también un fin común: el bien comunitario, la edificación eclesial.
Estos dones resaltan dos principios inseparables, la unidad y la pluralidad: la primera a la que debe tender toda la acción comunitaria, la segunda como correctivo para no confundir unidad con uniformidad. La diversidad se fundamenta en la unidad.
El símil del cuerpo, que utiliza el Apóstol, es clarificador: cada miembro es diferente de otro miembro, pero todos y cada uno son necesarios para que actúe el único cuerpo. Los miembros más débiles, o incluso los más viles, –también de la comunidad– son tratados con mayor esmero. El bien (o el mal) que se haga a cualquiera de los miembros repercute en el resto, en todo el cuerpo.
La comunidad se identifica con el cuerpo de Cristo, y en ella hay diversos carismas, desde los de gobierno de la comunidad, a los de sabiduría o profecía o, incluso, dones de curación o de milagros. Todos han de estar al servicio de la comunidad. Pero el don más excelente no es ninguno de los anteriores, sino el del amor de donación. A este carisma todos pueden acceder aunque, paradójicamente, es el más difícil de vivir. Pablo no define el amor, lo describe: se identifica con la forma de vivir y de morir de Jesús, y es una llamada a vivirlo todos sus seguidores. Es un don que no terminará nunca.
Javier Velasco-Arias