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viernes, 27 de julio de 2018

Dos mujeres audaces y misericordiosas

El libro del Éxodo, segunda obra de la Torá (más conocida en el mundo cristiano como Pentateuco) y de toda la Biblia Hebrea, nos narra la salida liberadora, o éxodo, del pueblo de Israel de Egipto. Pero todo comienza con la decisión valiente de dos mujeres que deciden oponerse, aunque de manera astuta y eficaz, a los planes del Faraón.

Contexto histórico
La situación con la que se inicia la narración es muy diferente a la de la historia de «José y sus hermanos». Inmediatamente después de enumerar las familias hebreas que entraron en Egipto, el narrador nos traslada a una época difícil para los sucesores de los hijos de Jacob-Israel (Éxodo 1,1-14).

Un período penoso, duro, en el que serán tratados como esclavos y sometidos a un trato denigrante. El rey de Egipto opresor será plausiblemente Ramsés II (s. XIII a.C.), aunque el autor sagrado no nos proporciona su nombre: por desconocimiento o de forma consciente; no lo sabemos con certeza. El ser obligados a trabajar en la construcción de la ciudad de Pi-Ramsés (Éxodo 1,11) avala la hipótesis de quién es el Faraón de aquella época.

Esclavitud del pueblo de Israel
La vida del incipiente pueblo de Israel no es nada fácil. El relator nos la describe someramente, pero con gran intensidad: «Los egipcios sometieron a los israelitas a cruel servidumbre, y amargaron su vida con rudos trabajos en arcilla, en adobes, en todas las faenas del campo y en toda suerte de labores, acompañadas de malos tratos» (Éxodo 1,13-14). Los verbos y sustantivos que descubrimos en el texto no dejan lugar a dudas: sometidos, cruel servidumbre, amargaron su vida, rudos trabajos, malos tratos…

Si esto no fuera suficiente, el rey de Egipto decide asesinar a todos los recién nacidos varones, con el fin de evitar que con el tiempo se conviertan en posibles soldados contra él y contra Egipto (Éxodo 1,15-16.22).

Dos mujeres: Sifrá y Púa
Pero entran en escena dos mujeres egipcias, parteras de profesión. Ellas serán las encargadas de ejecutar las órdenes del monarca y consumar el infanticidio de los niños hebreos. Son dos mujeres con nombre: Sifrá y Púa. Es curioso que para el narrador bíblico estas dos mujeres tengan nombre, el Faraón, no (Éxodo 1,15). El protagonismo de las dos no puede pasar desapercibido para el lector-oyente del relato: serán ambas instrumento de la misericordia del Dios de Israel.

Dos mujeres valientes, osadas, audaces. Capaces de poner en peligro su propia integridad física por oponerse a unas ordenes injustas, inicuas, inmorales, arbitrarias... Pero, inteligentes; justifican su desobediencia en la imposibilidad de cumplirla: «Es que las hebreas no son como las mujeres egipcias. Son más vigorosas y dan a luz antes que llegue la partera» (Éxodo 1,19). Actúan de forma ilegal (desobedecen una ley), pero justa y misericordiosa: no siempre se identifican legalidad y justicia. Su profesión (parteras) implica dar la bienvenida a la vida, ayudar a que ésta se abra camino; no sesgarla, destruirla. Ello significará la alabanza del narrador y el favor del Dios todo misericordia: «Dios favoreció a las parteras. Y el pueblo seguía creciendo y fortaleciéndose. Por haber temido a Dios las parteras, él les concedió numerosa descendencia» (Éxodo 1,20-21).

Para la oración
  • El texto narrativo es de una gran belleza. Los protagonistas del relato no dejan a nadie indiferente. Y la situación descrita nos proporciona abundantes pistas para nuestra oración.
  • Las situaciones de injusticia son de entonces y siguen siendo, por desgracia, de actualidad. ¿Qué actitud adopto ante dichas injusticias? ¿Soy mero espectador o me implico en la solución, según mis posibilidades?
  • Los medios de comunicación (prensa, revistas, TV, Internet, etc.), en muchas ocasiones, nos vuelven inmunes, meros observadores distantes de atropellos de los derechos humanos, de violencia gratuita, etc. Y dichas noticias se convierten, con frecuencia, en informaciones en las que no nos sentimos implicados. Con lo que, en cierta manera, nos convertimos en cómplices de dichas situaciones. ¿Qué debo hacer, como cristiano, para salir de la «rueda» de la indiferencia generalizada?
  • Las dos parteras de nuestra narración, Sifrá y Púa, se implicaron activamente en evitar la injusticia, a sabiendas que dicha actitud les podría complicar mucho la vida; podían ser represaliadas muy duramente (cárcel, torturas o, incluso, ajusticiadas) por su desobediencia manifiesta. ¿Hasta dónde estoy yo dispuesto/a a involucrarme por defender los derechos de los otros?
  • ¿Cómo defiendo la vida? Frente al aborto, la eutanasia, pero también… la violencia contra las personas, las situaciones de injusticia crónicas, los derechos de los más vulnerables…
  • El participar económicamente, de forma periódica, con alguna ONG de confianza es inexcusable. Pero, no puedo conformarme, o acallar mi conciencia, con dar algo de dinero (de lo que me sobra). Mi compromiso ha de ser más activo: participar en campañas, manifestaciones, recogida de firmas, ceder parte de mi tiempo o de mis vacaciones, etc. Cada uno debe valorar lo que puede y lo que debe hacer. Cada mujer y cada hombre es mi hermana, mi hermano (de cualquier raza, origen, religión…). Católico significa «universal»: ¿me lo creo o lo utilizo como una etiqueta excluyente?
Javier Velasco-Arias
(Publicado en Lluvia de rosas 681 [2018] 9-11)

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Mal generalizado, pecado ecológico

Recapitulando
Después de la ruptura de la Alianza con Dios (primer pecado o «pecado original» [Génesis 3]) y del atentado fratricida (asesinato de Abel por su hermano Caín [Génesis 4]), el narrador bíblico nos cuenta cómo el mal se generaliza, contagia todas las esferas de la existencia humana (Génesis 6): «La maldad del ser humano iba cada vez a más y todos los designios de su corazón eran siempre perversos» (Gn 6,5).

Es un proceso «lógico». Así lo entiende el autor sagrado. El abandonar a Dios, el apartarse de su plan salvífico, el único que posibilita ser feliz y estar en paz y armonía con todos y con la naturaleza, lleva irremediablemente al conflicto entre los seres humanos, a las discordias, al fratricidio, a las guerras… Y, como consecuencia última, a la generalización del mal, al desequilibrio ecológico.

El mal lleva al mal
El papa Francisco, comentando estas narraciones bíblicas de los orígenes, afirma: «El descuido en el empeño de cultivar y mantener una relación adecuada con el vecino, hacia el cual tengo el deber del cuidado y de la custodia, destruye mi relación interior con­migo mismo, con los demás, con Dios y con la tierra. Cuando todas estas relaciones son descui­dadas, cuando la justicia ya no habita en la tierra, la Biblia nos dice que toda la vida está en peli­gro.» (Encíclica Laudato si, n. 70).

Todo está interrelacionado. El mal lleva al mal. Ésta es la lección que nos quiere mostrar el texto sagrado, es la lectura que pretende.

El diluvio
El relato del Génesis se servirá de una «historia» por todos conocida: «el diluvio». Los israelitas, por sus vecinos mesopotámicos, ya sabían de las epopeyas de Gilgamés, de Ziusudra y de Atrakhasis, donde aparece dicha catástrofe cósmica.

El narrador bíblico hará una relectura, una reinterpretación de dicho acontecimiento, a partir de su fe en el Dios de la Biblia. El diluvio será visto como una purificación de la Creación, como una nueva oportunidad para el ser humano, como un nuevo inicio, como una nueva Alianza, como un nuevo proyecto salvífico…

Compromiso de Dios
El pecado, el mal generalizado que anida en el corazón humano y que toma su forma concreta en la violencia contra otros seres humanos y contra el resto de la Creación, debe desaparecer. Por eso, el proyecto salvífico –el arca de Noé– debe preservar no sólo la vida humana sobre la Tierra sino la de todos los seres vivos:

«Estableceré contigo mi Alianza (dice el Señor). Entrarás en el arca tú y tus hijos, tu mujer y las mujeres de tus hijos contigo. De todos los animales, de todos los seres vivientes, introducirás en el arca dos de cada especie, para que conserven la vida contigo; que sean macho y hembra. De las aves según su especie, de los animales domésticos según su especie y de todos los reptiles de la tierra según su especie, entrarán contigo por parejas de todos ellos para salvar la vida.» (Gn 6,18-20).

La persona humana es responsable de la vida, de la paz, de cada ser humano. Pero, también, de toda la Creación, de toda la naturaleza. El equilibrio ecológico, el orden de la Creación es voluntad de Dios. Y el hombre y la mujer han de ser garantes de ello.

Por eso, esta segunda Alianza, después del diluvio –la primera había sido con Adán y Eva–, no es sólo con Noé y el resto de humanos que se han salvado en el arca, sino con la Creación entera: «Yo establezco mi Alianza con vosotros y con vuestra descendencia después de vosotros, y con todo ser viviente que está con vosotros: aves, ganados y todos los animales de la tierra que están con vosotros, con todos los que salieron del arca, con todos los animales de la tierra.» (Gn 9,9-10).

Para la oración
  • El relato bíblico nos sugiere muchos interrogantes. Preguntas que hemos de hacernos en la intimidad de la oración personal y, también, comunitaria. Y, lógicamente, arrancar de mí un compromiso para que las cosas cambien. 
  • ¿Cómo está mi relación con Dios, con las personas que me rodean (familia, amigos, compañeros de trabajo, vecinos…), con el entorno ecológico, etc.
  • ¿Cuál es mi compromiso para que este mundo sea más habitable para toda la Humanidad? ¿Siento como propios los problemas, dificultades, tragedias de otros seres humanos?
  • ¿Los problemas de las migraciones por guerras, hambre, persecuciones políticas, sociales o religiosas, me afectan personal y comunitariamente? ¿Qué hago frente a esta situación tan grave que sufren tantísimas personas y familias? ¿O pienso que no son mi problema? ¿O, peor aún, estoy en contra de acoger a estos seres humanos que huyen de escenarios que no querríamos nunca para nosotros, nuestras familias, nuestros hijos; y ni nos inmutamos cuando tantos mueren en el camino hacia una situación mejor, más digna, que nunca encontraron?
  • ¿Qué hago por una ecología de la cultura, del bien común, de la justicia?, como reivindica el papa Francisco.
  • ¿Hasta qué punto llega mi compromiso por un equilibrio ecológico sostenible? ¿Tomo medidas concretas contra la contaminación ambiental? ¿Me tomo en serio el reciclaje de los desperdicios que produzco?
  • El relato del diluvio y la Alianza posterior de Dios con la Humanidad y con todos los seres vivos me sugiere que otro mundo es posible, que el mal no tiene la última palabra, que mi compromiso en conseguirlo es algo irrenunciable, como ser humano y como creyente. 
Javier Velasco-Arias
(Publicado en: Lluvia de rosas 676 [2017] 9-11)

jueves, 15 de septiembre de 2016

Abraham e Isaac: un ejercicio de misericordia

Para empezar, una invitación a hacer un sencillo ejercicio. Todos conocemos el relato de cómo Abraham casi sacrifica a su hijo Isaac. Hacemos un poco de memoria de lo que recordamos y… ¿cuál es el ejercicio? Como ya he dicho, es bien sencillo. Toma una hoja de papel y un lápiz, y dibuja en una sola viñeta la imagen que te suscita ese relato.

Me atrevo a predecir que mayoritariamente los dibujos nos van a mostrar a Abraham con el cuchillo en la mano levantada sobre Isaac. Especialmente, si lo hicieran niños y adolescentes, van a destacar por su tamaño el cuchillo. El cuchillo, a veces incluso transformado en espada, se convierte en protagonista destacado.

Es posible que algunos de nosotros, menos peliculeros, remarquemos la cara de dolor de Abraham o la pequeñez e inocencia de Isaac.

Ahora, permitidme que recordemos el texto bíblico:

Tomó Abraham la leña del holocausto, la cargó sobre su hijo Isaac, tomó en su mano el fuego y el cuchillo, y se fueron los dos juntos. Dijo Isaac a su padre Abraham: "¡Padre!" Respondió: "¿qué hay, hijo?" — "Aquí está el fuego y la leña, pero, ¿dónde está el cordero para el holocausto?" Dijo Abraham: "Dios proveerá el cordero para el holocausto, hijo mío." Y siguieron andando los dos juntos. Llegados al lugar que le había dicho Dios, construyó allí Abraham el altar, y dispuso la leña; luego ató a Isaac, su hijo, y le puso sobre el ara, encima de la leña. Alargó Abraham la mano y tomó el cuchillo para inmolar a su hijo. Entonces le llamó el Ángel del Señor desde los cielos diciendo: ¡Abraham, Abraham!" Él dijo: "Heme aquí." Dijo el Ángel: "No alargues tu mano contra el niño, ni le hagas nada, que ahora ya sé que tú eres temeroso de Dios, ya que no me has negado tu hijo, tu único." Levantó Abraham los ojos, miró y vio un cordero trabado en un zarzal por los cuernos. Fue Abraham, tomó el cordero, y lo sacrificó en holocausto en lugar de su hijo. (Gn 22, 6-13)

En una segunda fase de este ejercicio nos fijamos más y mejor en el relato que, ahora sí, tenemos delante y podemos leer y releer. Incluso nos puede facilitar la labor de comprensión el que se nos desvele una clave: se trata de dejar de fijarse tanto, casi en exclusiva, en los detalles más tristes (el cuchillo, el sufrimiento de Abraham, el peligro sobre Isaac) para fijarnos en los aspectos más positivos. Entonces… se obra el milagro y junto a nuestra sonrisa aparece el Ángel del Señor defendiendo la vida de Isaac, aparece Dios mismo que es el Dios de la Vida y aparece el cordero que representa a Jesucristo que ocupa nuestro lugar en la Cruz para entregar su vida por nosotros.

Descubrimos que muchas veces nos quedamos solo con los aspectos negativos de las cuestiones. Esa parcialidad negativa nos impide ver los otros aspectos más positivos. Eso nos pasa como lectores y también como autores (de comentarios, de entradas de blogs…). Y así se va creando una “marea negra” que lo invade todo: que si el Papa, mi obispo, mi párroco, aquel sacerdote… que si esto ya no se hace como antes… que si aquellos son muy malos… Cuantas veces al leer ciertos escritos hipercríticos con la Iglesia y el Papa me viene al recuerdo aquel apelativo de Juan XXII, “Profetas de calamidades”.

No nos quedemos solo con mirar la espada, de la justicia o de la venganza, fijémonos en la voz de Dios, por medio del ángel, que es amor y misericordia.

Acabamos este ejercicio maravillándonos de cómo cambia nuestra lectura y comprensión de este relato (y de otros tantos en el Antiguo Testamento) cuando buscamos al Dios de la Vida, y, por tanto, cabe preguntarse ¿cómo es mi lectura de la Biblia? y ¿cómo es mi mirada hacia el hermano?

Quique Fernández


jueves, 25 de agosto de 2016

El Dios de la vida, Génesis 1-11

La imagen que nos sugieren los primeros capítulos de la Biblia es la de un Dios que crea todas las cosas por amor. El amor auténtico es siempre propagativo, comunicativo, necesita compartirse… Dios, todo amor, desea comunicarlo a toda la Creación, con predilección al ser humano.
El Dios de la Biblia es un Dios de la vida, que encarga al ser humano, la criatura más querida de todas, la continuidad, el cuidado, la conservación de todo lo creado. La responsabilidad del equilibrio ecológico –utilizando el lenguaje actual– es encomendada a la Humanidad, a cada mujer y a cada hombre.
Los relatos de la Creación que leemos en el libro del Génesis corresponden probablemente a tradiciones de las más antiguas que encontramos en la Biblia Hebrea, en el Antiguo Testamento. Y, más importante, la noción que el pueblo israelita tiene de un Dios Creador no tiene correspondencia con la de otras culturas circundantes; aunque utilice, con frecuencia, imágenes y mitos comunes: un Dios que entra en diálogo amoroso con el ser humano, que tiene una exquisita preocupación de que sea feliz, que quiere compartir su amistad con él. Las narraciones del primer texto de la Biblia nos hablan de paz, armonía, orden, equilibrio, amor…
La Creación es el inicio del diálogo amoroso entre Dios y el ser humano. Toda la obra creadora, tanto en la narración sacerdotal (Gn 1,1-2,4a), como en la probablemente más antigua yahvista (Gn 2,4b-25), nos presenta a la persona humana como el centro de dicho acto, la razón última.
La imagen que nos proporcionará la Biblia sobre la Creación es la de un Dios que ha hecho todas las cosas con bondad y belleza, de manera que cualquier referencia a la Creación, al origen, participará de esa bondad y belleza original. En seis ocasiones encontraremos la exclamación: «y vio Dios que era bueno» como postilla de cada día de la Creación (Gn 1,4.10.12.18.21.25); y culmina con una séptima que plenifica y completa los anteriores: «y vio Dios que todo era muy bueno», después de la creación del ser humano, hombre y mujer (Gn 1,31).
El mal, la violencia, la muerte no están en el inicio de la obra creadora; serán la consecuencia de apartarse de ese plan original de Dios. Las posteriores narraciones del primer pecado, del asesinato de Abel por su hermano Caín, el mal generalizado que lleva al diluvio, son consecuencias de abandonar el plan amoroso y original de Dios. El pecado, el mal, la infelicidad, las discordias, las divisiones, los odios, la violencia… tienen como única causa la infidelidad al plan primigenio de Dios.
La protohistoria que nos narra los once primeros capítulos de la Biblia es un canto al amor, a la paz, al equilibrio ecológico, a la ausencia de violencia, a la felicidad humana. No intenta responder a cómo surgió el universo o la vida en el mundo o el ser humano; esas respuestas corresponden a la ciencia. Sí, por contraposición, responden a ¿Quién (con mayúscula) está detrás de cada uno de estos acontecimientos?; ¿porqué y para qué son creadas todas las cosas?; ¿cuál es el papel del ser humano en el mundo y con respecto a todo lo creado?; ¿cuál es el plan original de Dios para el Universo y para la Humanidad?. Las respuestas a estas últimas preguntas nos llevan a descubrir un Dios misericordioso, entrañable, todo amor, desde las primeras páginas de las Escrituras sagradas.
Javier Velasco-Arias

jueves, 27 de febrero de 2014

Un marzo pleno de actividades bíblicas

Éste ya muy cercano mes de marzo viene bien lleno de una variada oferta de actividades bíblicas: El cursillo “La defensa de la vida en la Biblia” (a partir del martes 4 de marzo), las 2as. Jornadas Bíblicas de Sevilla (del 7 al 9 de marzo) y el Encuentro bíblico de Cuaresma (sábado 22 de marzo).
Las tres actividades tienen en común el que la Escuela de Animación Bíblica de Barcelona es co-organizadora, es decir, que son actividades en las que organizamos, convocamos y participamos diferentes realidades de Iglesia.

Cursillo “La defensa de la vida en la Biblia”
Desde este curso estamos proponiendo unos cursillos bíblicos los martes por la tarde. En el primer trimestre fue “La Biblia compartida” y el primero del trimestre en curso ha sido “La Alegría del Evangelio”. Así se está conformando una realidad que podríamos llamar “Los martes bíblicos”.
El martes próximo (4 de marzo) empezamos un nuevo cursillo sobre la defensa de la vida en la biblia.

Información del cursillo:
Título: LA DEFENSA DE LA VIDA EN LA BIBLIA. Para que tengáis vida y la tengáis en abundancia
Organizan: Escuela de Animación Bíblica de Barcelona (EABB), Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN), Museo de la Vida-Cidevida y Parroquia de la Milagrosa de Barcelona.
Intervienen: Quique Fernández (EABB), Javier Velasco-Arias (EABB), Marta García (AIN) y Montse Sanmartí (Cidevida)
Fechas y hora: Martes 4, 11, 18, 25 de marzo y 1, 8 de abril de 18 a 19:45 h
Lugar: Parroquia de la Milagrosa de Barcelona (Consell de Cent 110, Barcelona)

Actividad complementaria:
Cine-Forum “October Baby”. Forum coordinado por Pepe Pedregosa (EAByCSP y Spei Mater). Sábado 12 de abril a las 21:30 h.

2as. Jornadas Bíblicas de Sevilla “Jesús de Nazaret”

Por segundo año colaboramos con la hermana Escuela de Animación Bíblica y Comunicación San Pablo, coordinada por nuestro querido hermano Pepe Pedregosa, en las jornadas del 7 a 9 de marzo en Sevilla.

Información de las jornadas:
Tema: Jesús de Nazaret
Organiza: Escuela de Animación Bíblica y Comunicación San Pablo
Coordina: Pepe Pedregosa (Tel.:678 806 822 / bibliaycomunicacion@gmail.com)
Colaboran: Escuela de Animación Bíblica de Barcelona y Parroquia de San Sebastián de Sevilla
Lugar: El viernes y sábado por la mañana en Casa Comunidad Paulinos (Progreso 21 Sevilla) y el sábado por la tarde y el domingo en Parroquia de San Sebastián (San Salvador 1 Sevilla)
Programa:
Viernes 7 de marzo
18:30h Charla “Jesús, Esclavo y Señor” (Álvaro Pereira, biblista y coordinador del Servicio Religioso Universitario de la Diócesis de Sevilla)
20:00h Charla “Y les hablaba en parábolas” (Antonio J. Guerra, biblista y delegado de Pastoral Juvenil de la Diócesis de Sevilla)
Sábado 8 de marzo – mañana
11:00h Charla “Jesús, nosotros y la misericordia” (Ángel Canca, teólogo y vicario de Nuestra Señora de la Salud de Sevilla)
12:30h Charla “El seguimiento de Jesús” (Pepe Pedregosa, coordinador de la Escuela de Animación Bíblica y Comunicación San Pablo)
Sabado 8 de marzo – tarde
18:00h Charla “La mirada de Jesús” (Quique Fernández, coordinador de la Escuela de Animación Bíblica de Barcelona)
19:30h Mesa Redonda “Jesús de Nazaret, Dios y hombre” (con Isacio Siguero, Secretario General-Canciller de la Diócesis de Sevilla y párroco de San Sebastián de Sevilla; Luis Manuel Romero, biblista y delegado de Pastoral Universitaria de la Diócesis de Mérida-Badajoz y Javier Velasco-Arias, profesor de Biblia en el ISCREB y el CEP de  Barcelona)
21:00h Concierto/Oración “La alegría del Evangelio, el Evangelio de la alegría (José Manuel Montesinos y Paqui Alonso, música cristiana-católica)
Domingo 9 de marzo
11h Presentación multimedia “Cuando Francisco era Jorge” (José Antonio Medina, director espiritual del seminario de la Diócesis de Cádiz-Ceuta)

Encuentro Bíblico Cuaresmal

Como cada año convocamos una jornada de oración, reflexión y profundización, que por tercer año consecutivo se enmarca en la Semana de la Iglesia Necesitada y Perseguida.

Información del encuentro:
Título: “PERO NO ME VENCIERON (Salmo 129)”. Persecución del Pueblo de Dios en el Antiguo Testamento
Organizan: Escuela de Animación Bíblica de Barcelona, Ayuda a la Iglesia Necesitada y Parroquia de la Milagrosa de Barcelona
Fecha y hora: Sábado 22 de marzo de 10 a 19 h
Lugar: Parroquia de la Milagrosa de Barcelona (Consell de Cent 110)
Programa:
10 h. Lectio Divina
11 h. Eucaristía
12 h. Charla “Esclavitud en Egipto” (Quique Fernández)
13 h. Charla “Exilio en Babilonia”(Javier Velasco-Arias)
14 h. Comida
16:30 h. Documental
17:30 h. Conferencia  “Profetas perseguidos” (Juan Carlos Sánchez, rector del Seminario de la diócesis de Ciudad Rodrigo)

Más información de la 3ª Semana de la Iglesia Perseguida y Necesitada:
www.ain-es.org/cataluna

Todas las actividades son de participación libre y gratuita.
¡¡¡Os esperamos!!!

Quique Fernández

miércoles, 25 de enero de 2012

«Las Palabras Vivas»

Librería Paulinas, Escuela de Animación Bíblica de Barcelona y Grupo Bíblico y Misionero “Cinco panes y dos peces”
invitan a la presentación del libro


Confidencias de Juan, el discípulo predilecto. Las Palabras Vivas
de Pedro Miguel Lamet


Intervendrán:
- Quique Fernández, Coordinador de la Escuela de Animación Bíblica de Barcelona
- Javier Velasco Arias, Profesor de Biblia del ISCREB y el CEP
- Antoni Blanch Xiró, SJ, profesor Emérito de Literatura Comparada de la Universidad Pontificia de Comillas
- y el autor, Pedro Miguel Lamet, SJ


Día y Hora: Sábado 18 de febrero de 2012 a las 18 h.
Lugar: Librería Paulinas. Rda. Sant Pere 19 Barcelona Tel.: 93 301 14 88

jueves, 24 de noviembre de 2011

Dar razón de la esperanza que nos anima (cf. 1Pe 3,15)

Carlos Mesters y Justino Martínez

En memoria agradecida a Carlos Mesters en su 80 aniversario, “maestro” tan genial como sencillo, tan evangélico como profético.

Era el fin de semana del Domund 2006, en el contexto del quinto centenario de Francisco Javier, Testigo y Profeta, y tuvimos algunas conversaciones[i] sobre algunas cosas que quiero compartir haciendo memoria agradecida a Carlos Mesters. No sé por qué ni cómo empecé a hacer memoria de un itinerario, siguiendo los pasos de un gran maestro de la animación bíblica, Carlos Mesters[ii], al que una señora brasileña, María, de Itapuranga (Goiás) en un encuentro Intereclesial de Comunidades de Base[iii], al verle le saludó de manera graciosa identificando su apellido como si fuera un nombre y se lo tradujo directamente: “O sea,  que usted es ese que llaman ¿‘Maestro’? Parece una flor crecida a la sombra: alto, delgado y pálido”. Sé que alguno de sus libros los conocéis y hasta me consta que los habéis leído y trabajado en grupo. Evoco algunas cosas que  han pasado por mi cabeza y dejo volar mi imaginación mientras hago memoria de tantos encuentros celebrados a lo largo y ancho de ese inmenso Brasil donde tan bien ha arraigado la Palabra de Dios en medio de la gente sencilla. Quiero haceros partícipes de estas cuatro ideas que me vinieron de golpe y porrazo por si sirven para algo.


“En construcción”, “en obras”, “disculpen las molestias”.
 Al empezar a escribir estos renglones me vienen a la memoria algunas páginas Web que al entrar te sorprenden con uno de estos anuncios: “Estamos en obras” y luego, las autoridades públicas por el bien de la gente pone en las calles cortadas para arreglarlas: “Disculpen las molestias”. Así que como os digo, me han venido de sopetón y las he puesto en ristre una tras otra, sin más pretensión que la de compartir un rato con vosotros que tan atareados y preocupados estáis por hacer llegar la Palabra de Dios al corazón del mundo que nos toca vivir. Permitidme que evoque y haga memoria, sin pretender decirlo todo, de algunas cosas que he ido descubriendo en los libros[iv] de Carlos Mesters, escritos para todos los públicos, especialmente para los más sencillos, otros escritos a cuatro manos, es decir, en colaboración con otras personas o en equipo. Me pongo a enumerar algunas de esas características que podéis también vosotros descubrir o quizás algunas más que a mi se me han pasado.

La metodología.
He ido observando desde hace algunas décadas que este autor hace mucho hincapié en la metodología, es decir, en el camino, en los cauces para hacer que la Palabra llegue a su destino. Algo así como el labrador recoge la tierra para que el agua que viene por los canales llegue a la huerta, la riegue y la haga fructificar, así también Carlos Mesters va ofreciendo pequeños pasos metodológicos, siempre cuidados con cariño especial para que los destinatarios encuentren las pistas del tesoro y se alegren por el camino recorrido y los hallazgos alcanzados.
·         Los títulos y los subtítulos “bíblicos”
Si tenéis un poco de tiempo basta que os detengáis en un libro que conozcáis de este Autor y veréis que os sorprenderán los títulos y los subtítulos. Haced la prueba con dos o tres capítulos seguidos… Títulos bíblicos, sobre todo, litúrgicos otros, pero siempre con lenguaje expresivo, vivo e interpelador: tan añejo como el vino, y  tan nuevo como su poder, vigor y alegría.
·         Las claves de lectura.
En cada libro o folleto que escribe Carlos siempre tiene cuidado especial en mostrar algunas claves fundamentales de lectura para que el lector o lectora se sitúe, encuentre las pistas básicas para recorrer el camino con seguridad y éxito. Uno no sale lo mismo que entró, después de hacer un recorrido por cualquier paisaje por el que nos condujo su mano experta.
·         Estribillos.
Una de las cosas que siempre ha cuidado Carlos es el sentido profundo de la Palabra para que llegue al corazón de las personas y de las comunidades, especialmente cuando se encuentran con el Señor que invocan y aman. Parece encontrarse algo que vemos al comienzo del Apocalipsis (Ap 1, 1-8), un libro que Mesters tan bien conoce y que ha puesto al alcance de miles de comunidades cristianas de toda América Latina y de otros continentes. Pues, lo que os decía, que Carlos Mesters suele usar una serie de frases bíblicas, especie de “mantras” si se me permite la expresión, de jaculatorias, o darle el nombre que queráis, el nombre es lo de menos, para hacer llegar la Palabra a lo más profundo del corazón y para que anide allí con toda su fuerza. Muchos de esos estribillos breves, sencillos, fáciles recordar con el corazón encendido, son tomados de los Salmos o de Cantos que hacen vibrar a las comunidades. A través de estos estribillos clave anima la lucha, renueva la experiencia, subraya acentos o focos específicos, muestra un itinerario espiritual, renueva el lenguaje, etc.
·         Antiguo y Nuevo Testamento: vasos comunicantes.
Otro elemento en que Mesters suele hacer hincapié y lo muestra más con los hechos que con argumentos, aunque éstos si son necesarios lo pone en primera fila, es la permanente relación del Antiguo y del Nuevo Testamento, diciendo que nadie explica mejor la Biblia que la Biblia misma y que ella se va explicando de una punta a la otra, por lo cual tenemos que recorrer todo el camino de punta a punta, trenzada esa cuerda con la otra cuerda esencial: la vida, y así constantemente pondrá de relieve esta interacción vitalizadora de VIDA-BIBLIA-VIDA. Se parte de la vida, se va a la Biblia para iluminar la vida y se regresa de nuevo a la vida con ojos nuevos, con corazón nuevo, con manos y pies nuevos, con personas y comunidades nuevas capaces de soñar un mundo nuevo, diferente, justo, fraterno.
·         La novedad del Evangelio
 No menos notorio es el hincapié que hace Carlos Mesters una y otra vez sobre la novedad real y radical que trae Jesús, su evangelio, su llamada, su misión, su opción por los pobres y la permanente vitalidad de la Palabra de Dios que da fruto ayer, hoy, mañana y siempre (Is 40,8).
·         Relectura- actualización – contextualización
Quien se pone en camino con Mesters se verá sorprendido por la sencillez con la que va desgranando textos del Antiguo como del Nuevo Testamento, sin pretensión de erudición de impacto, al contrario, suele decir que no sabe nada, que no recuerda nada o casi nada y que envidia la memoria tan brillante de otras personas y que él da gracias a las libretas que le acompañan y le remozan su memoria. En ese pasearnos por la Biblia Mesters insiste una y otra vez que la Biblia explica la Biblia, que hace memoria de acontecimientos pasados para iluminar hechos nuevos. Que se hace relectura una y otra vez de experiencias donde Dios mostró su dedo poderoso para entender la nueva realidad que nos desafía constantemente y que ningún hecho pasado puede iluminar completamente, por lo que, como el profeta Isaías (40-55) tendremos que mirar hacia delante con ojos nuevos y con mirada sorpresiva para ver las maravillas que el Señor de la Historia va a realizar en el día de hoy, tan oscuro y desafiador, tan confuso y problemático, pero tan preñado de la presencia del Espíritu que nos acompaña desde la creación del mundo.
Carlos procura mostrar en cada página de la Escritura que toca que es siempre actual y puede darnos ojos nuevos para entender lo que vivimos aunque esto exija de nosotros una renovación continua y silenciosa, una pedagogía alternativa y unos caminos siempre inéditos para llegar allá donde brota la vida con toda su fuerza, donde el sufrimiento se hace más intenso o el clamor personal o del pueblo oprimido se hace casi insoportable (Ex 2,23-25). 
Ir con Carlos Mesters es tener un buen compañero de camino pues sabe estar al lado y allá donde se cuecen las habas, te hace ver que caminamos en compañía del Señor por veredas nuevas y que es bonito sembrar semillas en los surcos que hay que roturar con sudor y lágrimas día tras día, sin poder vivir de rentas, fortalecidos, eso sí, con el alimento del Maná –Eucaristía que no se puede acumular, ni multiplicar para seguridades fáciles y eternas. Sí, el Señor lo da y se nos da cada día: “Yo estoy con vosotros cada día hasta el fin del mundo” (Mt 28,20, Hch 1,8). O como dice el Salmo: El Señor lo da a sus amigos mientras duermen, mientras duermen en paz, porque el Señor, y solo El, me hace, nos hace dormir y vivir tranquilos, pues solamente Él sabe darnos anchura y holgura en el aprieto: “¡En el aprieto me diste anchura! En el aprieto nos diste anchura: ¡Continúa dando anchura y horizonte, Señor, y quítanos las gafas oscuras de la ceguera y de la miopía, de los intereses creados, de los premios, aplausos, títulos y honores incluso aquellos que nos quieren dar por estar o  haber estado con los pobres y los crucificados de la historia! Hicimos lo que teníamos que hacer (Lc 17,10), simplemente cumplimos con el Servicio y la Misión encomendados y el resto fue gracia y creatividad de la gente: caminar al lado de los pobres, subir y bajar laderas, sentarnos a su mesa, acompañarles en su marcha, luchas y tribulaciones, entrar en su mundo, compartir sus pequeñas-grandes alegrías, sorprendernos por su modo tan genial y original de compartir: total, radical, rozando tantas veces el milagro, y al mismo tiempo imperceptible para el ojo de quien no camina por sus sendas diariamente, porque “la canción”, como dice el viejo cancionero español, “sólo canto mi canción a quien conmigo va”.
Recibir premios, dejarse agasajar por anunciar el evangelio por los caminos del mundo, por los senderos de los últimos y excluidos, tiene poco que ver con el Evangelio… Hay que tener los ojos abiertos, pues hay regalos que son verdaderos “caballos de Troya”.  A nosotros nos basta caminar como Jesús y andar por donde el pueblo va y viene diariamente. A nosotros nos toca viajar e ir, como dice el poeta y cantautor brasileño Milton Nascimento: “Todo artista ha de estar, allí donde el pueblo está”. Este es el mejor camino de evangelización, la mejor autopista de la Palabra. Como decía una catequista y animadora de la Comunidad de Santa Rita - Pau da Lima (Salvador – Brasil): “hay que ver por qué caminos se adentra la gente para construir su casa. Se ven forzados a ir a lo más lejos, a lo más alto o a lo más bajo, donde incluso serpiente se esconde por allí. Pero las comunidades tienen garra para llegar allí donde ni el asfalto ni la Coca-Cola han llegado aún, porque la Palabra de Dios es fuerza para caminar y crea en nosotros semillas de esperanza”. Y así, desde esta experiencia, se entiende porqué puso el nombre de “Semillita” al grupo de niños que correteaban por allí y que semanalmente se reúnen para escuchar, acoger y celebrar la Palabra de Jesús.
·         Lectura de todo un libro
En América Latina se dio un salto significativo cuando se pasó de tratar temas a trabajar todo un libro o conjunto de libros. Así me parece recordar algo que leí de un gran biblista y amigo, Milton Schwantes[v], y que tiene más razón que una catedral. Carlos Mesters fue pionero en este trabajo, como en otros, junto con muchos otros, hombres y mujeres de tantas latitudes de dicho continente. Seguir paso a paso la lectura de un libro cada año. Que cada grupo o comunidad se involucre hasta las cejas en lo que está llevando a cabo en su área, región o ciudad puede cambiar la espiritualidad de todo un pueblo y ponerle en pie de misión. Así me lo dice la experiencia. Así lo he visto  y experimentado en muchos encuentros que hemos tenido en estos años.
Avanzar paso a paso cada día en contenidos, metodología, coordinando y formando Animadores Bíblicos, ofreciendo dinámicas, estrategias, compartiendo sueños, alegrías, tristezas, esperanzas, “cantando a pesar de que es de noche, porque  el alba va a llegar”, como dice Thiago de Mello, poeta brasileño. Sí, la aurora y la primavera van a llegar si sabemos mantener la esperanza y dar razón de la esperanza en los inviernos recios de la globalización que nos tocan vivir. Si sabemos recrear la fuente de la esperanza, la Palabra de Dios, manantial perenne de vitalidad, entonces tendremos garra y fuerza para enfrentar los conflictos que nos salen al paso, a pesar de las heridas que podamos encontrarnos por el camino. La Palabra de Dios cicatriza todas nuestras heridas y cura todas nuestras enfermedades (Salmo 103).

Tener fe en la gente
Hoy más que nunca, después de desilusiones y cansancios, es necesario creer y confiar en la gente, en el pueblo, en las comunidades, en los pobres, en aquellos que son nuestros compañeros y compañeras de camino, probados por la larga marcha, por el intenso trabajo de unas jornadas siempre desafiadoras con problemas y conflictos, con esperanzas que no se cumplen (Mt 20,1-16) o no se realizan como nos habíamos imaginado (Hch 1,6-7). Los evangelizadores, animadores bíblicos, catequistas o agentes de pastoral nos vemos muchas veces relegados a segundo o tercer plano, tan o tan poco valorizados como la gente con la que vivimos, y corremos la misma suerte de los grupos cuya causa asumimos. Hay ciertas cosas o personas que hoy día se vuelven insignificantes, casi invisibles o inexistentes a no ser para el tiempo de elecciones donde en un continente y en otro se dicen las mismas promesas. “Tú eres lo más importante”. Hoy, cuando a todos les falta tiempo, caminar al ritmo de la gente parece más necesario que nunca y, por otro lado, es urgente renunciar a aquel método de llegar a lo César: “llegué, vi y vencí”. 
Una y cien veces se nos va a exigir caminar “descalzos” como Moisés en el camino nuevo de liberación, en un proyecto que sólo el Señor conoce y propone (Ex 3,1-16). Descalzarnos de tantas seguridades, sintiendo la tierra sagrada debajo de nuestros pies nos hace ponernos en misión con otra mirada, teniendo presente la misión que ayer como hoy el Señor nos confía como promesa de felicidad y que tiene la doble garantía de la fidelidad constante y sinfín del Señor de la Misión, y de nuestra fidelidad, a veces tan frágil, débil y temblorosa. Como decía don Ricardo Blanco, obispo auxiliar de Madrid – noviembre 1981-, “somos frágiles y débiles, palabras esdrújulas, pero tragaderas”. Cuando nos zarandean los vientos contrarios o las dificultades, solo una confianza viva en nosotros y en Aquel que nos llamó a la misión nos da arrojo para permanecer firmes y resistir contra viento y marea, aunque en algunos casos tengamos más bien la impresión de que tornados han pasado por nuestro jardín: ¡Tanto estrago parecía amenazarnos! Y luego, viendo que lo podemos contar, reconocemos que exageramos un poco y el tornado no pasó de un viento-contrario capaz de despeinarnos.
Contar con lo pequeño y los pequeños es, según el Evangelio, una metodología que nos acerca a lo imposible, casi al milagro, vamos, a construir sobre Roca y no sobre arena (Mt 7,21-27; Lc 6,46-49).

mimar un Proyecto de largo alcance
Es importante, como Animadores Bíblicos, tener ante nuestros ojos un Proyecto, una Causa – la Palabra Viva de Dios (Hb 4,12; Jn 1,1-18) – a la que dedicar todas nuestras energías y sueños y permanecer fieles en sus líneas generales, y al mismo tiempo, abiertos y flexibles a los avatares de cada día: enfermedad de nuestros hijos, accidente de un hermano, hipoteca que crece como la hierba, trabajo que disminuye, inmigrantes que nos visitan en cayuco y continuamente llaman a nuestra puerta como Aquel que se hace peregrino y también llama (Lc 24,13-35; Ap 3,20). Abiertos a los imprevistos diarios del actuar de Dios en la Historia ordinaria, y de manera extraordinaria si nuestra fe y esperanza saben captar su presencia discreta en medio de los acontecimientos.
·         Enredados
Sí, enREDados, en red, coordinando Equipos ágiles, actualizados, bien conjuntados y animados, sin grandes estructuras, las mínimas para “SERVIR” a las Comunidades, a los pueblos y sus culturas, y ser eternos “Aprendices de Evangelio y Servidores de la Palabra” (cf Lc 1,1-4), Testigos del Señor Resucitado por la fuerza y el impulso del Espíritu que nos hace pueblo-mesiánico-en-pie-de-misión (Hechos 2,16-33; Joel 3,1-5; Is 2,2) hasta los confines de la tierra, saltando todas las fronteras que separan y matan la vida.
·         Hojas de ruta nuevas
Hoy no se puede ir a evangelizar, a proclamar la Buena Noticia de la Salvación con viejos mapas, es necesario llevar hojas nuevas de ruta, sino corremos el riesgo de perdernos en los inmensos nudos ferroviarios o en los nudos gigantescos de avenidas por donde la gente va a la velocidad de la luz. Si vamos con nuestro tronco-móvil acelerado y sin captar el ritmo y la sintonía de la gente corremos el riesgo de quedarnos solos tocando con una guitarra vieja y desafinada y luego, quizás, echándole la culpa a la gente que tiene mal oído, que no sabe de música y ni quiere escucharnos. ¿Tendremos el valor de orientarnos por los satélites que tenemos a nuestra disposición, por las rutas de Internet, sin tener miedo de embarrarnos los pies con los que han quedado al borde del camino? Estamos desafiados por dos extremos o dos polos tan distantes, pero no podemos olvidar o rechazar ninguno de los dos: son tan necesarios, complementarios e insustituibles… De lo contrario, podríamos llegar a Dios: “los unos sin los otros”, “los unos contra los otros”, o peor aún, “los unos a costa de los otros”: ¡un triste panorama!
Atentos y con las antenas sincronizadas a los signos de los tiempos a través de los cuales, ayer como hoy y como mañana, el Señor de la Historia y de la Vida sigue sorprendiéndonos con su manera de crear, actuar, llamar-enviar, manifestarse-revelarse, conducir la historia y a los pueblos, de ser pastor (Ez 34,1-31; Jn 10,1-18) que cuida de la vida frágil y amenazada y de la recién nacida con ternura entrañable e indescriptible (Is 40,10-11).
·         Autodidactas en las encrucijadas de la vida
Tenemos mucha documentación a nuestro lado y toda la información del mundo al alcance de la mano, a la distancia de un clic. Pero quizás hoy más que nunca tenemos que tener clara también nuestra originalidad, nuestra identidad más profunda, pues el Señor nos ha creado a su imagen y nos ha dado la gracia de la creatividad para hacer llegar sus dones al corazón de la gente y de los pueblos. Ser autodidacta y testigo, más que maestro o profesor, en la vida diaria es un buen itinerario para estar allí donde hay que estar y tener las herramientas que en cada momento son necesarias. El médico lleva su maletín y algunas cosas fundamentales y necesarias para los primeros auxilios. Luego su ojo clínico y su experiencia le pondrán en la pista cierta. También los Animadores Bíblicos tienen su maletín de primeros y últimos auxilios: la Palabra de Dios. Ya va habiendo gente que no va a la reunión sin la Biblia y cuando llega sin ella pide disculpa “por haberse olvidado esta vez”. Algo se va moviendo…, claro que sí.
Por los caminos de los pobres y de la profecía
Hoy día tenemos que ir y hacer llegar el Evangelio del Reino por todos los medios que tenemos a disposición: radio, televisión, periódicos, revistas, internet, coche, tren, autobús, avión…  En el anuncio del Evangelio sólo una autopista nos está vetada y cerrada: ¡la autopista del poder! Esta autopista puede tener o ser conocida por distintos nombres, pero siempre tiene sus “peajes” que pronto o tarde hay que pagar, y, a veces, a precios increíbles. Abiertas, sin embargo, todas aquellas autopistas que llevan al Servicio, al Compartir, al Estar y Ser Evangelio, Fermento y Luz (Mt 5,12-16).
Como seres humanos estamos todos encerrados en debilidad y expuestos a la tentación como Jesús (Mt 4,1-11; Lc 4,1-13; Mc 1,12-13; Hb 4,14-16), como Pedro (Mc 8,31-33; 14,66-72), como Santiago y Juan (Mc 10,35-45, texto que mi compañero de camino por diez años, Heitor Frisotti, intentó “traducir” en su compromiso misionero en Brasil con los afrobrasileños) o los demás discípulos (Mc 10,41-45; 14,50). Como ellos, también nosotros queremos dejarnos llevar por otros derroteros alternativos a los caminos ásperos del Reino y del Evangelio. A veces podemos sucumbir a los hechizos del poder, a sus garras y tentáculos. Por eso Jesús nos pide estar alerta, en permanente vigilancia, día y noche, como el centinela: porque el guardián de Israel no duerme ni reposa. Él está a tu derecha y por eso, aunque caigan mil a tu derecha y diez mil a tu izquierda, a ti no te alcanzarán, ni te hará daño el sol de día, ni la luna de noche. Él te guarda de todo mal. El guarda tus entradas y salidas, ahora y por siempre.
Surcar los caminos de los pobres y de la profecía nunca fue fácil, ni hoy tampoco. Mostrar que – como para Jesús- todos y cada uno son importantes y a todos darles importancia es pastoralmente un desafío cotidiano: a todos escuchar, saludar, acoger, mandarles cuatro líneas, una postal, un correo: breve, directo, al grano, esencial como una mirada y tan elocuente como dos ojos o una sonrisa de complicidad en los aprietos de la vida, en las encrucijadas del camino, en las zancadillas de los que están más cerca, sin llevar en cuenta por mucho tiempo los delitos, los fallos, las faltas ajenas, sin fijar en ellas la mirada, apenas contemplando el panorama con la mirada misericordiosa de Aquel que hace nuevas todas las cosas y cambia el corazón de piedra en corazón lleno de ternura y amor.
Bañados en el agua refrescante del Espíritu
Es necesario más que nunca beber de las aguas refrescantes del Espíritu (Jn 4; 7,37-39; 19,34-37) que renueva la faz de la tierra, capaz también de “rehacernos y recomponernos” como Alfarero que trabaja un nuevo “cacharro”, una nueva vasija de barro (Jr 18,1-12) para llevar tesoros en su interior. La vida nos puede maltratar y agrietar el barro, los conflictos, roces, choques nos causan heridas. Importante es que cicatricen bajo el soplo del Espíritu que genera vida y pueblos libres (Jc 11; Ez 37; Joel 3,1-5, Hch 1-28) que viven y testimonian libertad, justicia, amor. En una palabra: Paz, Shalom. El Shalom, saboreado en sus múltiples dimensiones, del Señor Resucitado como Evangelio – Buena Noticia que cambia la vida y el corazón (Lc 1,79; 2,14.29; 7,50; 8,48; 10,5.6(2x); 11,21; 12,51; 14,32; 19,38.42; 24,36; Hechos 7,26; 9,31; 10,36; 12,20; 15,33; 16,36; 24,2;  Jn 14,27; 16,33; 20,19.21.26).
 El Evangelio es ese Aroma, perfume que llena toda la casa (cf. Mc 14,3-9; Mt 26,6-13; Jn 12,1-8) de la aldea global, y nos da alegría y esperanza en medio de las tensiones, conflictos y dolores de cabeza; nos recompone como el alfarero su vasija de arcilla y nos hace conscientes un día y otro que somos seres de barro y que llevamos un tesoro que no nos pertenece y que tenemos que transmitir con toda su riqueza, fuerza y vitalidad. Tesoro de incalculable valor que se nos ha confiado, y no se trata apenas de “uno”, “tres” o “cinco talentos”, sino joyas, perlas y diamantes de incalculable precio (Mt 13,44-46) y por el cual no se puede dar ni oro ni plata que se le equivalga. Esa Sabiduría no tiene precio (Sb 7, 7-11), ni se aprende en las universidades, sino en el bregar cotidiano y abiertos al acontecer de Dios. Contemplar ese Amor con el que se nos ha amado - “como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros” (Jn 15,9) - nos mantiene vivos en las refriegas de la historia, como fermento,  savia viva, agua que riega los campos y el jardín, luz que alegra la noche. Sí,  el Señor nos hace Luz de las naciones (Is 49,6; Lc 2,32; Hch 13,47) para gloria de Dios Padre (Mt 5,13-16).
Ser luz y dar fruto para que todos tengan vida (Jn 10,10). El Señor  de la viña nos envía a dar fruto para gloria del Padre: “Os he destinado para que vayáis y deis fruto y vuestro fruto permanezca” (Jn 15,1-17).
 Y por los caminos de la vida, sentir y hacer sentir en medio del calor de las dificultades la Brisa suave que renueva y fortaleza los sueños y la esperanza del profeta cansado y desanimado (1Rs 19). Por los caminos del mundo no nos faltarán tribulaciones, pero “¡animo! Yo he vencido al mundo” (Jn 16,33).
Cantar con confianza inaudita
Y en medio del trajín cotidiano poder cantar con confianza inaudita: “Dame agua viva, dame agua viva, no quiero tener más sed…” y sentir al caer la tarde, cuando te vienen ganas de arrojar la toalla, pensando que por poco o por nada nos  hemos fatigado, en vano e inútilmente hemos gastado nuestro tiempo, nuestras fuerzas y  nuestro vigor, y nos preguntamos si realmente el Señor está interesado en la causa o se ocupa de  la misma (Is 49,4); cuando te vienen ganas como a Jeremías de no querer hablar más en su nombre, de echar tierra y distancia para olvidar esa pesadilla y te dices “No volveré más a recordarlo, ni hablaré más en su nombre” (Jr 20,9), quizás descubras que hay un fuego ardiente que te abrasa los huesos y que no puedes ahogarlo aunque lo intentes una y otra vez (Jr 20,10; Lc 24,32). ¡Una hoguera inextinguible! que a pesar de los vientos contrarios has logrado mantener viva y a la cual la gente sin decir nada se acerca, se calienta, se alegra y se va sonriendo, cantando, silbando…
Quizás hayas también experimentado que el Señor, como a Jeremías, también te ha puesto sus Palabras en tu boca (Jr 1,4-19) y te ha constituido en autoridad “para extirpar y destruir, para perder y derrocar, para reconstruir y plantar”, lo que te hace temblar las piernas y tartamudear al hablar ante gente que se cree con tanta sabiduría y prestigio y autoridad…,   pero el Señor te llama y te envía y te dice que no debes desmayar ante nadie, pues te ha convertido, aunque tú no te lo acabes de creer, “en plaza fuerte, en pilar de hierro, en muralla de bronce, frente a toda la tierra”. El Señor te dice, finalmente, que “te harán la guerra, pero no podrán contigo, pues contigo está el Señor para salvarte”.
La  Roca de nuestra certeza
Esta es la única certeza, la única convicción que puede mantenerte en la brecha cuando ves caer uno aquí, otro allá, y te preguntas insistentemente: “¿Quién podrá resistir?” (Ap 6,17), y te dices como Elías: “estoy más solo que la una, y además buscan mi vida como premio” (1Rs 19,14). Pues aunque así te veas o lo pienses alguna vez, el Señor declara que tu estadística no ha tenido en cuenta toda la realidad, que has infravalorado a los que están contigo y son realmente tus compañeros de viaje: “me reservé siete mil en Israel: todas las rodillas que no se doblaron ante Baal, y todas las bocas que no le besaron” (1 Rs 19,18). A veces, entendemos tan poco de matemáticas. Menos mal que las del Señor son diferentes y sabe contar allí donde Elías no ha descubierto ni siquiera un compañero de camino.
Y entonces ves que por dentro salta y nace un manantial incontenible de agua viva que hace brotar mil ríos a tu alrededor, al experimentar como Pablo que el Señor te hace fuerte en la debilidad (2 Co 12,5-10; Flp 4,13), y entonces, sin importante nada dónde estás ni quién es el que te está mirando, cantas a pleno pulmón, una y otra vez: “En mi debilidad, tú me haces fuerte, en mi debilidad, tú me haces fuerte, en mi debilidad Tú te haces fuerte en mi”.
¡Danos tu Espíritu, Señor!
Lucas en su Evangelio recomienda pedir el Espíritu (11,1-13) y también nos asegura su presencia elocuente para las situaciones fuertes que puedan sorprendernos y dejarnos sin habla cuando de improviso nos llegan (Lc 12,11-12). Por eso y para eso precisamente, Jesús nos envía la Promesa del Padre (Lc 24,49; Hch 1,4; 2,33; Gl 3,14; Ef 1,13) para fortalecer nuestras rodillas vacilantes y nuestras piernas tambaleantes (Is 50,4-10), para permanecer firmes en la misión que Él nos confía y de la cual nos inviste con autoridad significativa con el don y el dinamismo del Espíritu (Jn 3,3-8; 20,21-23) que nos muestra la hoja de ruta de la misión hasta el día de hoy (Hechos 1,8), donde nos muestra el programa esencial y las dimensiones fundamentales del mismo. El resto es comentario y fiesta: ¡Aleluya! El Señor ha resucitado y nos envía en misión. No os quedéis  ahí parados sin saber qué hacer ni adónde ir: “¿Qué hacéis mirando al cielo?” (Hch 1,11).
La vida y la misión continúan. Cuento con vosotros. Contad conmigo. Contamos con Cristo, que nos llamó y nos trata de “Amigos” (Jn 15,13-17) para que vayamos a dar y hacer saborear en nuestro mundo globalizado el fruto perenne del Espíritu: “amor, paz, perseverancia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí” (Gl 5,22).

Justino Martínez

[i]  Este texto fue compartido inicialmente con algunos amigos y animadores bíblicos: Rosa Mª, Quique y Carmen.

[ii] Carlos Mesters, nacido en Holanda el 20 de octubre de 1931, recibía el nombre de Carlos al tomar el hábito de la Orden Carmelitana veinte años más tarde. Su nombre era Jacobus Gerardus Hubertus Mesters.

[iii] Los Encuentros Inter-eclesiales de Comunidades Eclesiales de Base: comenzaron en 1975 Vitoria /ES. Desde entonces “El tren de las Cebs” ha recorrido el país em todas las direcciones en los otros diez encuentros que le siguieron hasta este momento. 1976 Vitória/ES; 1978 João Pessoa/PB; 1981 Itaici/SP; 1983 Canindé/CE;  1986 Trindade/GO; 1989 Duque de Caxias/RJ; 1992 Santa Maria/RS; 1997 São Luís/MA;  el décimo en la Bahía; el 11º Intereclesial das CEBs en la Diócesis de Itabira - Coronel Fabriciano MG, en la ciudad de Ipatinga - MG, de 19 a 23 de julio de 2005, con el Tema: “CEBs Espiritualidad Liberadora” Y el Lema: “Seguir a Jesús en el compromiso con los excluidos”. El 12º Intereclesial das CEBs fue realizado en Porto Velho - Rondônia, de 21 a 25 de julio de 2009. Trató el temas; “CEBs: Ecología y Misión” y el lema “Del Vientre de la Tierra, el grito que viene de la Amazonia”. El 13º está previsto en Juazeiro do Norte, diócesis de Crato en el estado de Ceará para 2014.

 

[iv] MESTERS Carlos – LOPES Mercedes, Querido Teófilo. Encuentros bíblicos sobre el Evangelio de Lucas,  Estella, Grupo Editorial Verbo Divino, Villatuerta 2000. MESTERS Carlos – EQUIPO BIBLICO CRB, La formación del Pueblo de Dios, Estella, Verbo Divino, 21999. En esta misma editorial la serie: TU PALABRA ES VIDA, con los siguientes títulos: Lectura Orante de la Biblia; Las formación del pueblo de Dios; Lectura profética de la historia; Sabiduría y poesía del pueblo de Dios; Seguir a Jesús: Los Evangelios; Vivir y anunciar la Palabra. Las primeras comunidades; El sueño del pueblo de Dios. Las comunidades y el movimiento apocalíptico. MESTERS Carlos – LOPES Mercedes – OROFINO Francisco, Misericordia quiero y no sacrificios. Encuentros bíblicos sobre el Evangelio de Mateo, Villatuerta, Verbo Divino – Centro de Estudios Bíblicos – CEBI 1999-2000.

[v] Milton SCHWANTES trata este asunto sobre todo en dos artículos: «Caminhos da Teologia Bíblica», en la revista Estudos Bíblicos 24 (1989) 9-19, y en otro artículo en el libro homenaje a Carlos Mesters con motivo de los 60 años: «Uma nova Esperanza nasceu», en AA. VV., Reflejos da brisa leve. A  Frei Carlos Mesters pela passagem de seu 60º aniversário, Centro de Estudos Bíblicos, Belo Horizonte 1991.