domingo, 15 de enero de 2017
IX Jornadas Bíblicas: «Leer la actualidad a la luz de la Palabra»
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lunes, 12 de diciembre de 2016
La esperanza en el Nuevo Testamento
“Esperanza”: palabras con las cuales comparte –al menos en
parte– un mismo contenido: Confianza - Deseo (Anhelo) - Fidelidad - Fe -
Paciencia - Presencia del Señor - Promesa - Expectativa - Seguridad - Amor - Perseverancia-
Constancia - Tesón.
“Cada texto tiene su contexto”. Intentaremos exponer alguno
de ellos.
En
hebreo, esperanza se refiere a las
raíces qavah, yahal y batait, que los
traductores expresaron en griego (elpizo,
elpis, pepoitha, hypomeno) o en latín (spero,
spes, confido, sustineo, exspecto...).
La
esperanza, enraizada en la fe y en la confianza, puede entonces desplegarse
hacia el futuro y activar con su dinamismo toda la vida del creyente.
La
esperanza mantiene la paciencia y la fidelidad, cuya expresión mayor, según el
NT, es el amor.
Debemos
tener en cuenta la realidad, de nuestra relación con el Señor, mediante un
diálogo (Revelación, a iniciativa de Él), que se remonta a Abraham (Alianza y
descendencia), al pueblo de Israel (la tierra prometida)… Es decir,
participamos en la economía de la salvación, todo un proceso que
progresivamente se va concretando en la “historia” del ser humano (desde un
origen y hacia un final, en forma lineal).
No
existe una ruptura con el AT, al contrario, continua “el camino”, dando paso a
unos momentos “determinantes” en la historia de salvación.
AT.
LA ESPERANZA DE LAS BENDICIONES Y DONES DE YAHVEH. Si la promesa hecha en los
orígenes a la humanidad (Gn 3,15; 9,1-17) atestigua que el Creador no la dejó jamás sin esperanza; con Abraham comienza la
historia de la esperanza bíblica. El porvenir garantizado por la promesa
de una tierra y una descendencia
numerosa (Gn 12,1s). Durante siglos la esperanza de Israel seguirán siendo
del mismo orden terrenal: “la tierra que
mana leche y miel” (Ex 3,8.17), todas las formas de la prosperidad (Gn 49;
Ex 23,27-33; Lev 26,3-13; Dt 28). Estos
bienes terrestres son para Israel "bendiciones”
(Gn 39,5; 49,25) y "dones” (Gn
13,15; 24,7; 28,13) el Señor se muestra fiel a la alianza (Ex 23,25; Dt 28,2). La
esperanza se funda en una promesa (divina, y por tanto, fiable) que la motiva y
legitima.
La
alianza y la fidelidad inquebrantable de Dios (=el arca, el templo, la Palabra)
Sólo
citaré cuatro momentos cruciales del proceso de expresión de la esperanza:
1. El
nacimiento de Jesús (la navidad, próxima celebración). LA ENCARNACIÓN.
2. Los
elegidos “los pequeños”, aquellos en
los que se centra la esperanza.
3. El
reino de Dios, del Señor, de los cielos.
4. La
doctrina de Pablo sobre la esperanza (1 Ts)
1. LA ENCARNACIÓN.
La
encarnación (“hacerse carne”) Ireneo
(202 dC) la encarnación de la Palabra de Dios
sinónimo àadquirir condición
humana. Concilios de Nicea (325 dC) y Constantinopla (381 dC), creencia en el
único Señor Jesucristo, quien “se encarnó”
y se hizo “hombre”.
Jn
1,14: La palabra (logos) se hizo carne (sarx) y acampó entre nosotros.
Jesucristo
corporeiza en su persona “la Palabra” que viene del Señor y que ya “al
principio” estaba junto a Dios (Jn 1,17: Porque
la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos vinieron
por medio de Jesucristo). Juan diserta sobre el tema.
Israel,
en tiempos de Jesús, esperaba un libertador, un mesías político o social, un
rey descendiente de David, que renovase el esplendor de tiempos pasados, un
revolucionario (jefe militar) que se enfrentase al yugo del Imperio Romano.
“Como descendiente de David según la carne”
(Rm 1,3), “nacido de una mujer y nacido
bajo la ley” (Gal 4,4).
Jesús
da al reino de Dios el primer puesto en su predicación (>conversión). Anuncia la buena nueva del reino (Mt 4,23; 9,35).
El
“reino de Dios” escribe Marcos; “reino de los cielos” escribe Mateo (lenguaje
rabínico). Las dos expresiones son equivalentes.
Con
su venida llega a su fin el dominio del Maligno, del pecado y de la muerte
sobre los hombres: “Si yo lanzo los
demonios por el Espíritu de Dios, ha llegado, pues, a vosotros el reino de Dios”
(Mt 12,28).
Los
apóstoles, reciben la misión de proclamar el Evangelio del reino (Mt 10,7). En consecuencia, después de
Pentecostés “el reino” es el tema
central de la predicación evangélica, incluso en Pablo (Hch 19, 8; 20,25;
28,23.31).
2. LOS PEQUEÑOS.
Metáfora:
“insignificante,
sencillo, sin derechos, despreciados de la comunidad” (ej. “el niño”), la expresión evangélica, citado
tres veces en el discurso de Mt 18,6.10.14.
“Los
pequeños” son el “prójimo” de todo cristiano, aquellos por los cuales Jesús
expresa una máxima atención. Necesitan de la ayuda, la colaboración pues por sí
mismos es prácticamente imposible su
liberación.
Se
lo puede “recibir como un niño” (Mc
10,15). El más pequeño en él es mayor que Juan el Bautista (Lc 7,28). Las
parábolas (hablan en presente)
Hablar
de la esperanza es decir el lugar que ocupa en la vida del creyente “el pasado, el presente y el futuro”, al que están llamados todos los hombres (1Tim 2,4;”que quiere que todos se salven y lleguen a conocer la verdad”).
Las
promesas fueron reveladas poco a poco a su pueblo, que no será una realidad de
este mundo, sino “una patria mejor, es
decir, celestial” (Hb 11,16): “la
vida eterna”, en la que el hombre será “semejante
a Dios” (1Jn 2,25; 3,2).
3. EL REINO DE DIOS, DEL SEÑOR, DE LOS CIELOS.
Marcos:
“El tiempo se ha cumplido y ya está cerca
el reino de Dios” (Mc 1,15)
Mateo,
símiles como parábolas del reino de Dios y pone el acento en el carácter
futuro: “Venga tu reino” (Mt 6,10;
Padrenuestro). Como ocurre con la pesca (13,47) y la cosecha (13,36.43), el
reino de Dios llega con la separación de buenos e inútiles (25,31-46) o con la
llamada definitiva a la boda (Parábola de las diez muchachas, 25,1-13).
Lucas
combate la idea de que se pueda calcular cuándo llegará el reino de Dios (parusía), nadie conoce
la hora y que habrá de rendir cuentas.
El
término parusía (Griego: “presencia, llegada”), es el
acontecimiento esperado al final de la historia de los tiempos: la Segunda
venida de Cristo glorificado (1Te 2,19; 3,13; 4,15; 5,23).
En
la Biblia, se menciona en diversas ocasiones, salvo en el Evangelio de Marcos.
Este
porvenir, llamado parusía (Stg 5,8; 1Te 2,19; 3,13; 4,15; 5,23), "día del Señor, "visita”,
"revelación”, parece muy próximo (Stg 5,8; 1Tes 4,13ss; Hb 12, 18ss;
1Pe 4,7) y se muestra cierta extrañeza de que tarde (2Pe 3,8ss). En realidad
vendrá “como un ladrón en la noche”
(1Tes 5,1ss; 2Pe 3,10; Ap 33,3). Esta incertidumbre exige que se esté en "vela” (1Tes 5,6; 1Pe 5,8) con una "paciencia” inquebrantable en las "pruebas y en sufrimiento” (Stg 5,7ss;
1Tes 1,4s; 1Pe 1,5ss).
Mateo
utiliza esta palabra (Mt 24,3.27.37.39). Las cartas pastorales prefieren el
término “EPIFANÍA”. Apocalíptica: un nuevo “eón” (una nueva era)
“AHORA –SÍ-, PERO TODAVÍA NO”: El reino, ya presente, no obstante, todavía futuro. La
esperanza continúa, orientada únicamente hacia la vida eterna (Mt 18,8s), hacia
la venida gloriosa del "Hijo del
hombre…recompensará a cada uno conforme a sus hechos” (Mt 16,27; 25,31-46).
Tensión
en la esperanza, orientada hacia el
futuro, centrada en Jesucristo, en quien se cumplen todas las promesas (2Co
1,20). Jesús mismo se vincula a esta esperanza y la ve cumplida en su actuación
como irrupción del reino de Dios (Mc 1,15; Lc 4,21; 11,20). Es el tiempo
mesiánico de la salvación (Mt 11,5.13; Lc 16,16).
La nueva alianza es, al mismo tiempo, todavía una
alianza de la promesa. En efecto, “la esperanza que ya se ve cumplida no es
esperanza” (Rm 8,24)
La
esperanza determina la actitud básica de toda ética cristiana, da a la acción
cotidiana un objetivo y un valor.
4. LA DOCTRINA DE PABLO SOBRE LA ESPERANZA.
Pablo,
en 1 Te, exhorta a una joven comunidad cristiana a vivir en la esperanza de la
próxima venida de Jesús. La primera carta, el primer documento cristiano que
ha llegado a nosotros en su edición final. Veinte años después de hechos
pascuales.
LA
TRIADA: 1 Te 5,8;”pero nosotros, que
somos del día, debemos estar siempre en nuestro sano juicio. Debemos
protegernos, como con una coraza, con la fe y el
amor; y cubrirnos, como con un casco, con la esperanza de la salvación”
1Te
1,3;”…Sin cesar, recordamos ante dios,
nuestro Padre, qué activa es vuestra fe, que esforzado vuestro amor y qué
firme la esperanza que habéis depositado en nuestro Señor Jesucristo.”
La
esperanza de la resurrección: “El regreso del Señor”; 1Te 4,13-18:”Hermanos, no queremos que ignoréis lo que
ocurre con los muertos. De este modo no os entristeceréis como los que no
tienen esperanza. Así como creemos que Jesús murió y resucitó, así también
creemos que Dios resucitará juntamente con Jesús a los que murieron creyendo en
él.”
La
gloria coronará “la constancia en la
práctica del bien” (Rm 2,7).
La
libertad humana es frágil (Rm 7,12-25).
¿Puede el cristiano verdaderamente esperar
tomar parte en la herencia prometida? (Col 4,24) Puede y debe, como
Abraham, “esperar contra toda esperanza”.
Por razón de su fe en las promesas (Rm 4,18-25) y de su confianza en la fidelidad
de Dios, que garantizará la fidelidad del hombre (1Tes 5,24; 1Cor 1,9).
El
cumplimiento de las promesas en Jesucristo (1Co 1,20) tiene un papel
fundamental en la reflexión de Pablo. La gloria esperada es una realidad actual (2Co 3,18-4,6), aunque invisible (2Co 4,18; Rm 8,24s). Un bautizado está ya
resucitado (Rm 6,1-7; Col 3,1).
Cuando
su muerte parece próxima, espera el premio –como
un atleta- (Flp 3,14) que coronará su esfuerzo (2Tim 4,6ss). Pero sabe
que su recompensa es Cristo mismo (Flp 3,8). Su esperanza es ante todo la de
estar con él, “personal” (Flp 1,23; 2Cor 5,8).
La
esperanza como actitud del cristiano. (1Tes 2,19; “Pues ¿cuál es nuestra esperanza, nuestra alegría y la razón de que nos
sintamos orgullosos? ¡Vosotros mismos lo seréis cuando regrese nuestro Señor
Jesucristo!).
1Te 5,8: nosotros, que pertenecemos al día, vivíamos
sobriamente, armados con la coraza de la fe y del amor y con el casco protector
de la esperanza de la salvación
1Te
5,1-2: En cuanto al momento y las circunstancias, no necesitáis, hermanos, que
os escriba. Sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá como un ladrón en
plena noche
En el Apocalipsis. La esperanza del cristiano, triunfar hasta la venida del «universo
nuevo», que realizará definitivamente las profecías del AT (Ap 21-22). Al final del libro promete el esposo: "Mi
retorno está próximo” Y la esposa le responde: “¡Ven, Señor nuestro!” (Ap 22,20). Esta llamada reproduce una
oración aramea de la Iglesia de los primeros días: Marana tha! (1Co 16,22).
Enrique Grau
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lunes, 5 de diciembre de 2016
La Esperanza en el Antiguo Testamento
·
Espera de ayuda, de salvación…
desde la «oscuridad»
El patriarca Jacob en su «testamento», en su «discurso de despedida», antes de
morir, incluye una invocación a Dios, junto a las diversas exhortaciones y
bendiciones a cada uno de sus doce hijos.
¡De ti espero la salvación,
oh Señor! (Gn 49,18).
[…] Cuando Jacob terminó de
dar instrucciones a sus hijos, recogió los pies en la cama, expiró y se reunió
con los suyos. (Gn 49,33).
Espera
la salvación, pero ¿qué salvación? En la época de los patriarcas la esperanza
aún es algo oscuro, nebuloso, cuando no ausente del todo. La mayoría creía que
el final que esperaba al ser humano era el seol, el hades, el
«país de los muertos».
El
autor de la carta a los Hebreos, recuerda a los Patriarcas y su esperanza
futura, cumplida sólo después de muchos siglos en Jesucristo.
Todos éstos murieron dentro
de la fe, sin haber recibido las cosas prometidas, sino viéndolas y
saludándolas desde lejos, y confesando que eran extranjeros y forasteros sobre
la tierra. Realmente, los que usan este lenguaje dan a entender con ello que
van en busca de patria (Heb 11,13-14).
La
oscuridad de esta esperanza es clamada por el autor de los libros de las
Crónicas.
Emigrantes y extranjeros
somos delante de ti, como lo fueron todos nuestros padres. Como sombra pasan
nuestros días sobre la tierra, y no hay esperanza (1Cr 29,15).
·
Esperanza de salvación, de la liberación del
pueblo
En
muchas ocasiones la esperanza de Israel se concreta en esperar la salvación del
Pueblo de Dios, al que el Señor no puede abandonar.
La
oración, las súplicas, los gritos desgarradores de auxilio del pueblo
israelita, esclavo y oprimido en Egipto, espera una respuesta del Dios de los
padres.
23 Los israelitas
seguían lamentándose de su servidumbre y clamando, y su grito de socorro,
salido del fondo de su esclavitud, llegó a Dios.
24 Oyó Dios su gemido, y se acordó
de su alianza con Abrahán, Isaac y Jacob.
25 Miró Dios hacia los israelitas y
Dios los reconoció. (Ex 2,23-25).
De
forma similar, en la época de Judit, el pueblo espera la salvación de un Dios
que no abandona, que no puede abandonar a sus fieles.
17 Por eso,
invoquémosle en nuestro socorro esperando con paciencia su salvación y
escuchará nuestra voz si es de su agrado.
18 Es bien cierto que no hay en
nuestro tiempo, ni hay en el día de hoy, tribu alguna, ni familia, ni pueblo,
ni ciudad entre nosotros que adoren a dioses fabricados por manos de hombre,
como sucedió en los días antiguos.
19 Por ello fueron entregados
nuestros padres a la espada y al saqueo, y cayeron con gran estrago ante
nuestros enemigos.
20 Pero nosotros no conocemos a
otro Dios que a él; por eso esperamos que no nos mirará con desdén ni se
apartará de nuestra raza. (Jdt 8,17-20).
·
Sus fieles confían en un Dios que nunca les
abandona
Con esa
confianza eleva su oración el salmista y, con él, todo el pueblo.
En ti esperan los que saben
de tu nombre, pues tú no abandonas, Señor, al que te busca (Sal 9,11).
Nadie que en ti espere
tendrá que avergonzarse, la vergüenza será para los traidores sin motivo (Sal 25,3).
El Señor es mi fortaleza, él
mi escudo, en él espero y él me ayuda: mi corazón se regocija y con mi canto le
doy gracias (Sal 28,7).
El Señor es el que vela por sus fieles, por los
que esperan en sus gracias (Sal 33,18).
Nuestra vida está en espera del Señor, él, nuestro
socorro y nuestro escudo (Sal 33,20).
Vengan, Señor, sobre nosotros tus mercedes,
cual de ti lo esperamos (Sal 33,22).
Yo espero firmemente en el
Señor; él se inclina hacia mí y escucha mi lamento (Sal 40,2).
Busca sólo en Dios reposo,
alma mía: él es en quien yo espero (Sal 62,6).
Tú eres mi esperanza, mi
confianza, Señor, desde mi juventud (Sal 71,5).
Cuanto a mí, seguiré
esperando, reiterando mis alabanzas (Sal 71,14).
Yo espero en el Señor, mi
alma espera, yo confío en su palabra (Sal 130,5).
·
Aunque también hay una esperanza vana: la de
los malvados
De una
manera especial la literatura sapiencial se hará eco de la verdadera y la falsa
esperanzas.
La esperanza de los justos
es alegría, la expectación de los malvados fenecerá (Pr 10,28).
Al morir el malvado, su esperanza perece; la
ilusión de los perversos se disipa (Pr 11,7).
La esperanza frustrada
enferma el corazón, el deseo satisfecho es árbol de vida (Pr 13,12).
Quien desprecia la sabiduría
y la instrucción es desgraciado; es vana su esperanza; inútiles sus fatigas,
sin provecho sus trabajos (Sab 3,11).
La esperanza del impío es
como pelusa que se lleva el viento, como fina escarcha que arrastra el huracán;
es como el humo que el viento disipa, pasa como el recuerdo del huésped de un
día (Sab 5,14).
La esperanza del ingrato se
derrite como escarcha de invierno, se escurre como agua inservible (Sab 16,29).
Esperanzas vanas y engañosas
las del hombre necio; los sueños dan alas a los insensatos (Sir 34,1).
·
La esperanza en los profetas
Los
profetas, tanto de Israel como de Judá, mantendrán la esperanza en el pueblo.
Esperanza de salvación, esperanza de ayuda, esperanza de reconstrucción, esperanza
en que el Señor nunca abandona.
Aquel día se dirá: "He aquí nuestro Dios,
de quien esperamos que nos salve, éste es el Señor en quien esperamos.
Exultemos y gocemos en su salvación (Is 25,9).
Señor, ten piedad de
nosotros, en ti esperamos; sé nuestro brazo cada mañana, nuestra salvación en
tiempo de angustia (Is 33,2).
Yo espero del Eterno vuestra
salvación. Un gozo me inundó de parte del Santo, por la misericordia que pronto
os llegará de parte del Eterno, vuestro salvador (Bar 4,22).
Entonces toda la asamblea
clamó a grandes voces y bendijo a Dios que salva a los que esperan en él (Dn 13,60).
Tú conviértete a tu Dios,
guarda el amor y el derecho, espera en tu Dios siempre (Os 12,7).
Pero yo fijaré mi vista en el Señor, esperaré
en el Dios de mi salvación: mi Dios me escuchará (Miq 7,7).
Una
esperanza que en diversas ocasiones se concretaba en la espera del Mesías.
Consolad, consolad a mi
pueblo, dice vuestro Dios: hablad al corazón de Jerusalén, gritadle que se ha
cumplido su servicio y está pagado su crimen, pues de la mano del Señor ha
recibido doble castigo por sus pecados.
Una voz grita: «En el
desierto preparad un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para
nuestro Dios; que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que
lo torcido se enderece y lo escabroso se nivele; y se revelará la gloria del
Señor y la verán todos los hombres juntos ha hablado la boca del Señor.»
(Is 40,1-5).
Mirad, yo envío mi mensajero
a preparar el camino. De pronto entrará en el santuario el Señor que buscáis;
el mensajero de la alianza que deseáis, miradlo entrar dice el Señor
Todopoderoso.
[…] Recordad la Ley de
Moisés, mi siervo, los preceptos y mandatos para todo Israel que yo le
encomendé en Monte Horeb.
Y yo os enviaré al profeta
Elías antes de que llegue el día del Señor, grande y terrible: reconciliará a
padres con hijos, a hijos con padres, y así no vendré yo a exterminar la
tierra.
(Mal 3,1.22-24).
·
Esperanza de resurrección
En los
libros más tardíos encontramos la esperanza de la resurrección, de una vida
después de la muerte. La muerte violenta, el martirio… llevarán a la comunidad
creyente a comprender, a plantearse que la muerte no tiene la última palabra en
el plan salvífico de Dios.
Aunque la gente pensaba que
sufrían un castigo, su esperanza está henchida de inmortalidad (Sb 3,4).
Los que teméis al Señor,
esperad bienes, y gozo eterno y misericordia (Sir 2,9).
Los que temen al Señor
vivirán, porque su esperanza se apoya en su Salvador (Sir 34,13).
La
época helenista, sobre todo en la época del soberano seléucida Antioco IV
epífanes, que masacró el pueblo, alimentará la reflexión teológica sobre la
resurrección de los muertos.
Cuando estaba para morir,
dijo así: "Es preferible morir a manos de los hombres, cuando se tiene en
Dios la esperanza de ser de nuevo resucitado por él. Pero para ti no habrá
resurrección para vida" (2Mac 7,14).
Por su parte, el noble Judas
arengó a la tropa a conservarse sin pecado, después de ver con sus propios ojos
las consecuencias del pecado de los caídos.
Después recogió dos mil
dracmas de plata en una colecta y las envió a Jerusalén para que ofreciesen un
sacrificio de expiación. Obró con gran rectitud y nobleza, pensando en la
resurrección.
Si no hubiera esperado la
resurrección de los caídos, habría sido inútil y ridículo rezar por los
muertos.
Pero considerando que a los
que habían muerto piadosamente les estaba reservado un magnífico premio, la
idea es piadosa y santa. Por eso hizo una expiación por los caídos, para que
fueran liberados del pecado. (2Mac 12,42-45).
Javier Velasco-Arias
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martes, 8 de noviembre de 2016
Una fiesta en Paulinas
El sábado pasado, 5 de noviembre, a las 18h., la Librería
Paulinas de Barcelona se llenó de personas que queríamos participar de la
presentación de las últimas publicaciones de la Dra. Núria Calduch-Benages,
catedrática de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma.
El acto estaba organizado por la librería y por la Escola d’Animació Bíblica de Barcelona,
y fue presentado por Quique Fernández, coordinador de la escuela.
Contamos con la presencia del Dr. Joan Ferrer, biblista y
profesor de filología en la Universidad de Girona, que elogió el trabajo de
Núria y nos acompañó concisamente por el recorrido académico y de publicaciones
de la autora, comenzando por su tesis doctoral sobre el libro bíblico del Ben
Sira, siguiendo por un número significativo de publicaciones y de
reconocimientos académicos. Respecto a los libros que presentaba, comentó como
dos de ellos, los publicados por CPL (Centre de Pastoral Litúrgica),
en catalán
y castellano, Abiertos a la esperanza y Nacidos para la alegría,
son una recopilación de diversos artículos publicados en el Butlletí de la Associació Bíblica de Catalunya y que se caracterizan por ser una
literatura de alta divulgación; el tercer libro, publicado por Claret, Escrits de joventut, es de un tono más
intimista. Y animó a todos los presentes a leer estas obras de tan eminente
autora.
Núria, por su parte, nos habló de la «invisibilidad», en
muchas ocasiones, de las mujeres, incluso en los escritos bíblicos. Y
refiriéndose a los libros que presentaba comentó que desearía que fuesen obras
útiles para el estudio pero, sobre todo, para los grupos bíblicos, la
catequesis, etc.
Quique, por su parte, nos recordó que la autora participó
como experta en el Sínodo sobre «La Palabra de Dios en la vida y en la misión
de la Iglesia» (2008), invitada por el papa Benedicto XI; que es miembro de la
Pontificia Comisión Bíblica, propuesta por el papa Francisco; y, que
últimamente, el mismo papa actual ha contado con ella para la Comisión de
estudio sobre el diaconado de la mujer.
El acto concluyó con una invitación a participar de los
actos de la próxima Setmana de la Bíblia (21 al 27 de noviembre), con
actos en todas las diócesis catalanas. Y se cerró con la firma de ejemplares y
un pica-pica al que se convidó a todos los asistentes.
viernes, 28 de octubre de 2016
Presentació llibres de Núria Calduch-Benages
La Dra. Núria Calduch-Benages ens presenta tres llibres nous de divulgació bíblica:
* Nascuts per la joia (versió en català) / Nacidos para la alegría (versió en castellà).
* Oberts a l'eperança (versió en català) / Abiertos a la esperanza (verrsió en castellà).
* Escrits de joventut
Seran presentats el proper 5 de novembre, a les 18h.
A la Llibreria Paulinas de Barcelona - Rda. Sant Pere 19, Barcelona.
Intervindran en l'acte:
- Dr. Joan Ferrer Costa, biblista, professor a la Universitat de Girona.
- L'autora: Dra. Núria Calduch-Benages, biblista, professora de Sagrada Escriptura a la Universitat Gregoriana de Roma, membre de la Pontifícia Comissió Bíblica, membre de la Comissió d'estudi sobre el diaconat de les dones.
* Nascuts per la joia (versió en català) / Nacidos para la alegría (versió en castellà).
* Oberts a l'eperança (versió en català) / Abiertos a la esperanza (verrsió en castellà).
* Escrits de joventut
Seran presentats el proper 5 de novembre, a les 18h.
A la Llibreria Paulinas de Barcelona - Rda. Sant Pere 19, Barcelona.
Intervindran en l'acte:
- Dr. Joan Ferrer Costa, biblista, professor a la Universitat de Girona.
- L'autora: Dra. Núria Calduch-Benages, biblista, professora de Sagrada Escriptura a la Universitat Gregoriana de Roma, membre de la Pontifícia Comissió Bíblica, membre de la Comissió d'estudi sobre el diaconat de les dones.
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